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A manera de prólogo.■.

El 22 de Octubre de 1942 fue sin duda un día como muchos para la humanidad. Para mí y para los años subsiguientes de mi vida, fue de gran importancia. Había almorzado en compañía de mi mujer — que ocupaba el puesto de secretaria — , volvíamos a la oficina, cuando atrajo mi atención un gran letrero en la calle reconquista. «Qué lástima!», exclamé y esto era la sincera expresión de lo que sentía. Había descubierto una propaganda de la firma Casal, Manfredi, Pérego & Cia., quienes remataban los terrenos del llamado «Parque Richmond

«Qué lástima! … si, de eso son capaces esos oligarcas, pequeños hijos de grandes padres, de quienes no han heredado más que apellido y quizá fortuna. Nombre y fortuna sí, pero jamás se vió en ellos rastro del empeño y espíritu creador de su progenitor. Rematar … para que surgiera en aquel hermoso pedacito de tierra la misma aglomeración de casas de familia – tan en auge en el Gran Buenos Aires -. Rematar … y hasta eso lo encargan a otros!

Beba sabe que nueve años atrás trabajé mucho para poner en marcha el proyecto «Parque Richmond». A su pregunta: “por qué no lo intentas nuevamente?» no pude menos que responder «Dios me guarde!!.. Dios me guarde!»…, pienso nuevamente… y recuerdo cuánto luché y sufrí nueve años antes…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1er. Capítulo

1933

Buscando terrenos apropiados» «

F*I*N.C*A* no está, más que en sus comienzos, pero hace tiempo que me ocupa la Idea de una agrupación de vivien¬ das en forma planificada, como las conocidas en Europa desde hace varias décadas*—

En la Argentina no existe tal cosa* Rematadores ambi¬ ciosos y a menudo inconcientes venden algún terreno o menos grande que luego se divide en lotes* Los compra¬ dores «anrtTKi son atraídos con mucha propaganda y *** manos a la obra* Hay quienes edifican y hay quienes dejan su terreno abandonado durante varios anos, o quizá décadas* Quines edifican, lo hacen, naturalmente a su gusto y gana*— Mi sueno era, en el caso F.I*íí.C»A., romper con tan espantoso sistema y mostrar al país en qué forma debe ha¬ cerse.—

Hacia mucho que mi socio, Dr. Serm’an Wemicke,y yo buscábamos un terreno apropiado para nuestros planes* Ló¬ gicamente mi interés se concentré enms el Norte del Gran Buenos Aired, ya que esa era la región que todos conocían y a todos interesaba* Desgraciadamente no encontrábamos nada adecuado. 0 el terreno era demasiado chico para núes-

a

tra Idea o era demasiado caro, o los alrededores estaban

ya

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tan «arruinados», que no habla la menor perpectlva pa¬

ra mi idea.-

 

Primera visita a la f utura Ciudad—Jardín*—

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Cierta tarde» tomando la acostumbrada taza de té con un amigo del Dr. Wemicke, Don ftxftfrmExgtxri» Ramón pala¬ cio» éste nos sugirió no concentrar nuestra atención úni¬ camente en el Norte. El Oeste también era interesante y él conocía alli algo especial* «Por Dios!», fue la asus¬ tada respuesta del Br• V/emicke* «Qué haremos en el Oeste?» nadie querré vivir allí, ese proyecto jamás podrá ser lle¬ vado a cabo, etc…» etc…S «Observe por los menos lo que le ofrezco”…» respondió Don Ramón, muy seguro de si mismo… Y al día siguiente éramos tres en el Plymouth del Dr. 7/ernicke en dirección al Oeste. Atravesamos la Avenida General Paz, todavía en construcción» cruzamos Caseros y de pronto Don Ramón pide al chofer PBtrus que frene* Vemos y no3 asombramos … frente a nosotros está bañada de sol, la futura Ciudad—Jardín Lomas del Palomar. «Hermoso»,»maravilloso”, no podemos menos que exclamar el Dr. Wernicke y yo… y Don Ramón constata con orgullo no disimulado nuestra agradable sorpresa. Seguimos nuestro camino y cruzamos la barrera. Su guardiana. Señora de Ma- grl, nos explica que la misma no se abre más que dos o tres veces al dia parar dejar pasar el ganado. Luego la señora nos abre una tranquera cerrada con candado. Le doy la gran propina de un peso y … entramos en el terreno del «Parque Richmond*’, que asi se llamaba.-

Algo así no lo,había visto nunca efa la Argentina. Me sentía como en un cuento dek hadas y el Dr. Wernicke ex¬ perimentaba exactamente lo mismo. Por doquier avenidas «bordeadas de árboles y ánts todo atrajo mi atención y admiración la avenida de euealiptus que atraviesa el terreno en diagonal, si, y experimenté sincera admi—

racióiv por el creador de este paraje, Don Le ¿nardo Pe-

  • , *

reyra Iraola, quien, como no 3 conté Don Pamón Palacio, era el creador del lugar. La denominación «Parque Rich- mond» tenia sil origen en un lugar similar en las cer¬ canías de Londres, que visité varios anos más tarde.-

Quisiera dejar constancia

nuevamente de mi

admiración por Don Leonardo Pereyra Iraola, quien fue uno de los pocos argentinos que se lian interesado en la plantación de árboles, de árboles que tanta falta hacen al pais* En una palabra, se preocupó por incul¬ car a los argentinos amor a los árboles. Desgraciada¬ mente el profundo sentido de su intención ha sido asi¬ milado sólo en muy pequeña medida. El pueblo argentino debiera dedicar un digno monumento a Don Leonardo Perey— ra Iraola. Verdaderamente lo ha merecido.—

Contemplando aquel paraíso, pensé que aquello era lo que tanto habia buscado. Allí y en ninguna otra parte

debía

surgir nuestra futura Ciudad—Jardín.— Jamás

habla Imaginado que existiera algo tan lindo en el (íran Buenos Aires, Volvimos por la avenida de los euca—

í

liptus y encantado dije a mi viejo amigot «Cuando cons¬ truyamos la Ciudad—Jardín, llamaremos esta calle «Aveni¬ da Germán Wernlcke». El Di’, wemieke rió… No supuso que mantendría mi promesa. La Avenida Germán Wemieke es hoy el orgullo de la Ciudad-Jardizu-

Don Ramón Palacio solía acompañarnos cuando tomábamos el té todas las tardes con el Br. Wernicke. Durante el último tiempo el tema del dia era exclusivamente «Par¬ que Riehmond»„Don Ramón era rico en anécdotas y re-

f

cuerdos juveniles. Una de su3 anécdotas no puede dejar de ser contada»•»

Frente a la cotidiana taza de té los señores busca¬ ban tema en su pasado — y naturalmente cada uno trata¬ ba de sobrepasar a su interlocutor con pintorescas andanzas donjuanescas. El escenario de las ‘•memorias’* del Dr. Wemicke era generalmente en la poca» Avella¬ neda y San Fernando. A Don Ramón al contrario» estos vulgares parajes jamás llamaron la atención. En su ju¬ ventud él habla visto el mundo … y conocido Berlín.

De xs allí contaba ta£ aventura, que a su juicio hubiera hecho palidecer de envidia al propio Gasanova: «Fue en Berlín a comienzos de siglo. Cierta manana paseando «unter den linden’*, descubrí dos hermosísimas mujeres, divinas … que me sonreían en la forma más prometedora. Ayudado por mi diccionario pude iniciar conversación.

Bos «churros” eran primas hermanas y… de familia a— ristocrática» Una de ellas era berlinesa y su prima es¬ taba de visita. Convidé a las damas a tomar tina taza de chocolate en lo de «Eranzler» y luego fuimos a Potsdam (Postdam, decía Palacio), a visitar los castillos. Pasé el dia entero en tan envidiable compañía y al llugaj p vt anr caer la tarde me acompnaron a mi cuarto en el hotel y

allí me ofrecieron todo lo que tenían para ofrecerme.* * Pero a P enas Hegé medianoche debieron dejarme, pues en casa sqssxz&x aguardaba la severa mamá y tía.-«

/■

Cuando escuché su historia por primera vea# al lle- gar já este panto lo interrumpí* «Pero Sr. Palacio# eran

dos p..»s, dos regias p.*.s# y nada másl Cuánto le eos-

‘ /

té todo _él asunto?** Completamente fuera de si# Don Ra¬ món exclamé t «Cémo se atreve? Sé distinguir perfeetamen-

/

te p…s de jóvenes de sociedad!!!» Un poco más y ase-

*

gurabst ‘que eran las hijas del director del Banco Alemán.-

H

/

Creo que lo precedente demuestra cuan poco conocimien¬ to respecto a mujeres «tolerantes» tenían los argenti¬ nos. No cabe la menor duda que aquellas trotacalles berlinesas eran mucho más «vivas», y como comparación Don Ramón debía recurrir nada menos que a las «damas» de San Fernando.••

Pocos anos después murió Don Ramón. Fue enterrado en el cementerio de la Recoleta y con eses motivo conté esta historia y mis dudas al respecto a su socio líanfre¬ di. «Por Dios# pobre Palacio»# contestó mi interlocutor. «De robó la mayor ilusión de su vida». ManfTedi conocía la aventura con lujo de detalles.—

Contrato con los señores Pereyra Iraola y

Herrera Vagag^

Volvemos a la futura Ciudad—Jardín* Ramón Palacio habla sido encargado de conversar con los dueños de los terrenos# Pereyra Iraola y Herrara Vegas, quienes te¬ nían intención de rematarlos* Resultado de estas trata— tivas fue la firma de un contrato el 13 de Septiembre de 1933. Según el mismo los señores Germán V/emicke y Eric^ Zeyen obtenían de los miembros de las familias Pereyra Iraola y Herrera Vegas la opción de declarar d entroje los sesenta dias su conformidad de « ^ t ap u yuv comprar los terrenos del Parque Eiciunond al precio de 2 millones de pesos {en agüella época aproximadamente 500.000,— dólares).— Debían ser pagados* 600.000,— pesos en el acto y 1.400*000,— pesos dentro de cinco anos, con un interés del 3^ para el primer ano, 6jÉ pa¬ ra el segundo y tercero y 8?S para el cuarto y quinto.-

En busca de financiación,—

De este modo quedaba todo arreglado. Faltaba sólo la solución de una pequenez … y esta pequenez eran los 2 millones, aunque por el momento bastaban los primeros 600.000,—. Ni el Dr. Weroieke, ni mucho menos yo, ni F.I.K.C.A., disponían de tal fortuna. Asi me puse a la búsqueda de capitalistas en quines pensaba despertar interés por el,proyecto, los trámites duraron varios meses y el plazo de opción fue prolongado, llegué a concretar algunas respuestas afirmativas. Con la parti¬ cipación de capitalistas particulares y especialmente del auligerente del Banco de Boston, Hilary Driscoll, podría disponer de cerca de 1 millón, … que ya era algo,—

Ho piense el lector que el proporcionarme este dine¬ ro fue tan simple, como la enumeración precedente. Al contrario, fueron precisas cientos de audiencias enex—

I

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vantes, de las cuales salla generalmente sumido en pe¬ simismo y habiendo perdido la última esperanza* Nueva¬ mente habla oído un «no» de alguien con. quien habla con¬ tado Ajelen toda seguridad, la fiel presencia del Dr. Wernicke, con sus consejos y sus relaciones» en todas estas tramitaciones fue sin duda un apoyo insustituible.— También de él podría contar varias simpáticas his¬ torias. Me limitaré a una.* SI Ir. Wernleke era cardiaco y nada escapaba al severo control de su mujer: no debía tomar alcohol y comer sólo carne de pollo para no en¬ gordar* etc. A pesar de todo el Dr. Wernicke vivió feliz muchos anos todavía, o quizá justamente por eso.

Por nada del mundo debía sentarse al volante. Los martes el chofer Petrus tenia franco* En tal caso yo ocupaba su lugar* Llevaba al Dr* Wernicke en mi auto al mediodía a su casa. Allí estaba invitada a almorzar. Al Dr. wernicke le encantaba manejar. Sabia que en mí po¬ día confiar y sintiéndose inobservado, manejaba un pe¬ queño trecho. Esto le causaba un placer infantil, xsrft a mi también. Y después de todo, nunca pasó algo. General¬ mente, cuando descendía del auto pa£a abrir al¬

guna tranquero-, pasaba el auto a toda velocidad a mi la¬ do. Su conductor irradiaba felicidad* Se comprenderá que tal audacia solamente era factible en ausencia de Petrus. Tremenda desobediencia debía ser transmitida in¬ defectiblemente a la patrona.—

Villa Ilusión.-

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La financiación de los terrenos la dábamos por solu¬ cionada. Cenaba en el»Munich® en el Balneralo en com¬ pañía de algunos amigos, (La comida en aquel «entonces no er^mejor que ahora). Brindamos por el cercano éxi¬ to definitivo» La vos de un canillita «Razón! I ••• con todos los premios… Se aprobó la Ley de Moratoria1 ti» me hizo atragantar njbdasKXSta» Habla sucedido lo que yo temía desde hacia varias semanas. Le arranqué el diario al vendedor de la mano* Allí estaba, con todas las le¬ tras* el Congreso aprobó la Ley de Moratoria para hipo¬ tecas . Es una de las leyes más insensatas que jamás ha¬ yan sido aprobada por el Congreso Argentino. Protegía al sinvergüenza y perjudicaba al sincero deudor y pa¬ gador. Ro cabla la menor duda que mis dadores de dine¬ ro se retractarían bajo tales condiciones, lío se podía esperar de nadie medianamente cuerdo que invirtiera su dinero en inmuebles, desde que existia tal inseguridad legal de parte del «honorable Congreso»*—

Guardando la forma, visité al dia siguiente al Sr* Priscoll en el Banco de Boston, quien me recibió dicien¬ do* «después de lo que aprobó este asi llamado Congreso, mis amigos no intervendrán en ninguna operación inmobi¬ liaria». Ro podía menos que dar la razón tanto a él co¬ mo a 3 us amigos. Me despedí con profundo pesar y enorme desilusión. A los demás financistas ni me atrvl a

llamarles por teléfono. Quería evitar a ambos la desa¬ gradable situeión. La única respuesta posible me era máü que conocida. En la oficina el acariciado proyecto fue a parar al rincón. Para el Dr. Wernicke y para mí I

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pasó a ser «Villa Ilusión»*••

Barrio 1.X.l.C.A. en }3feocar.—

Ca.jas de Crédito Reciproco*—

, *

En todo esto pensaba, cuando mi mujer me sugería volver a empezar. No, mil veces no* Mi propósito era irrevocable. Vivir nuevamente aquellas desilusiones… ni sonando, iíia recuerdos retrocedieron lentamente por el camino de los nueve anos transcurridos.**

la pequeña P.I.N.C.A. había adquirido importancia.

Se convirtió en Sociedad Anónima y construyó en el nor¬ te de Buenos Aires el aristocrático «Barrio P.I.N.C.A. en Béccar». Con el correr de los anos las palabras «F.I.N.G.A.» y «Barrio» habían pasado a ser un verdade¬ ro concepto* F.I.ií.C.A. era la primera firma en la Ar¬ gentina que, contrariamente a I 03 barrios de rematado¬ res, trataba de construir en forma orgánica y organiza¬ da. Tuvo imitadores, cosa comúh en la Argentina cuando algo tiene éxito. Por desgracia, ninguno de sus imita- ‘

dores logró una obra similar*—

En el transcurso de los últimos anos surgió en el pais el sistema de Crédito Recíproco, conocido decenios atrás en Europa. La organización de P.I.N.C.A. para ta¬ les fines trabajaba con resultado satisfactorio* Temblón apareció la categoría de individuos que se apoderó del

«negocio», la inspección General de Justicia, quien de¬ bía vigilar las Sociedades, no estaba en condiciones de I

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frailar la acción de estos elementos perniciosos. Pronto reinó la corrupción y el engano en forma inimaginable.

En mi desesperación dirijá unos treinta escritos a la Inspección de Justicia, al correspondiente Ministerio y a otras autoridades. Be esta manera trataba de salvar mi sistema tan útil como provechoso, que hubiera podido dar al pala la necesitadas cientos de miles de viviendas, sin que el Estado invirtiera siquiera un peso. Hasta los

costos del control eran pagados por las diferentes so¬ ciedades a la Inspección de Justicia.-

Uno de los focos más dañinos era AECA soc.Anón., cu¬ yo directorio aparentemente tenia las mejores intenciones, pero sus ejecutivos estaban en manos de uno de los su¬ jetos más indeseables del mundo económicot un tal Udo üeekeler. su inconciencia no conocía limites. Aplicaba sus prácticas comerciales en su sociedad y otras también pequeñas. I estas prácticas eran un insulto a toda decen¬ cia comercial* –

La Inspección de Justicia no poseía armas para lachar contra este individuo. l/íis desesperados escritos sóld lograron respuesta negativa;»no podemos, son más fuertes que nosotros». luSs de una noche de insomnio fue el fruto de esta lucha agotadora, en la que no obtuve más que derrotas.•• Don Udo y los suyos tenían motivo de risa… Mintras tanto podían continuar con su acción perturbadora. Hasta que por fin intervino la fiscalía del Estado» no por medio de la Inspección de Justicia, sino por denun¬ cias particulares. Entonces el Directorio de AECA no pu-I

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do menos que mandar a pasear a Don Udo* Pero ya era de¬ masiado tarde*»# Sobre laa consecuencias de todos es¬ tos acontecimientos en el futuro de F.I.W.C.A. hablare¬ mos más adelante.—

i *

2&. CAPITULO

1942

Sagrados propósitos ge derrumban*—

Mis pensamientos volaban nuevamente hacia Palomar, trataba de dejarlos de lado… Imposible. El adorado proyecto fluía a mi memoria… Total, preguntar no cuesta nada. Decidí hacer una visita a la firma Casal, Manfredi, Pérego & Cía. Era el 29 de Octubre de 1942.

El 22 del sismo mes habla visto la propaganda. De todos modos debió transcurrir una semana entera para que me decidiera.••

Me hago anunciar en la oficina de la calle Bartolomé Mitre. Pido hablar con uno de los señores» Pasan sólo algunos minutos y aparece el Sr. Manfredi, a quien co¬ nozco desde anos atrás. Tuvo que nrirarax reirse* «Zeyen, ya lo sabia! Tratábamos de adivinar si y cuándo vendría! Todos e 3 tábamo 3 convencidos cuando pusimos el aviso* Si Zeyen vive todavía aparecerá por aquí… y aquí está! w la risa y sus palmadas continuaron .* . hasta contagiarme» Manfredi conocía perfectamente mis malogrados esfuerzos de nueve anos atrás en pro de la realización del proyec¬ to y sabia.•. cuan enamorado estaba del asunto.—

Habiendo dejado las risas de lado, pude preguntar a Manfredi, c6mo se imaginaba el remate. Los terrenos se

ofrecían, según indicación» mon una base de 45» resp.

67 centavos por vara cuadrada. Naturalmente era baratí¬ simo y lo que yo quería saber era el precio que pensa¬ ban alcanzar los señores.—

“lie voy a decir una cosa”, me explicó Manfredi «esto es más o menos un remate judicial. Los señores Pereyra Iraola y Herrera Vegas necesitan dinero* Deben 20 millo¬ nes al Banco de la Nación y como sinceros comerciantes quieren pagar* Si Ud.» doctor» ofrece un centavo más que la base y no hay otro interesado, los terrenos le perte¬ necen. «»Itfuy bién, eso es lo que quería saber**» fue mi respuesta. Y la resolución ya estaba tomada* «Probaremos nuevamente *’« —

 

Lo intereso a Herten por el plan.-

Poseldo por aquel heróico propósito volví a la ofici¬ na. Paulatinamente se concretaba en mi mente lo que me habla propuesto.—

Según prospecto habla sido fijada la forma de pago como sigue*

10^ de sena en el acto de la compra$

1GÍ& en 60 días y los

So# restantes en 8 cuotas semestrales más el

5# de interés anual.-

Yo calculaba que el monto total ascenderla a 2 millo¬ nes y ±x de tal manera también sabia cuánto necesitaba.- Caramba!, pero tiene que ser posible!…

pero debe ser rápido i dentro de 13 días ya era el remate*—

El personaje que erein accesible para tal proyecto fue mi amigo Gustavo Herten, presidente de guhrmann 3* A* Con él ya habla llevado a cabo varias transacciones in¬ mobiliarias exitosamente. Sabia de su interés por tales asuntos. Y… además tenia dinero.—

Don Gustavo ya contaba 73 anos. Y contaba con el es¬ píritu emprendedor de un hombre de 3o. Habla nacido en el ano 1869 en el Uruguay» pero de acuerdo a la situa- ción era 10 anos menor» especialmente en presencia de lindas chicas» por las que jamás dejé de interesarse.— Entonces la fecha de nacimiento oscilaba entre 1869 y 1879.-

Kecuerdo un hecho en el Bar Zlmmermann (Bomeyer) con motivo de un asado. Apenas empezábamos a construir en Palomar. Presentes, entre otros estaban Don Gustavo Har¬ ten, el almirante Plato y su hujo» mi viejo y querido amigo Dr. Enrique Píate. Durante la comida, Enrique Pía¬ te me sugirió escuchar la conversación de los dos seño¬ res» quienes se ocupaban del futuro de la Ciudad-Jardín* «Si* si», decía Don Gustavo» «habría que tener otra vez su edad». El almirante Píate tenia en aquel entonces 65 anos. Bien canta Konrad Adenaueri Habría que volver a los 70. Yodo es relativo en esta vida*-

Que este pequeño episodio sirva para caracterizar a Don Gustavo. A él lo llamé por teléfono y le expliqué mi proyecto pintado con los más vivos colores.—

Be entrada Don n Gustavo no se mostró nada entusiasma¬ do. «9o se puede hacer todo», me contestó. Insistí para I

que por lo menos acordara una visita a los terrenos.

Otro hubiera dMado del éxito ante tal réplica» pero yo conocía xx la curiosidad en asuntos de negocios del an¬ ciano caballero* Y efectivamente el 3 de noviembre de 1943 recibí su llamado telefénico. «Qué le parece si vamos manana a Palomar?” «Be acuerdo”, ft fue mi respues¬ ta. Dios nos mandó un día radiante de sol* Y mi optimis¬ mo creció considerablemente. Quien viera el terreno en un día así no podía decir que no.-

Temprano ful a buscar al señor Harten y a su socio ¿¡meato Lische» a quien ya conocía y asu secretario Axel Lundborg» a la casa de Herten en la Villa Hueva. Juntos viajamos en mi auto a Palomar. Este Lundborg daré que hablar an lo sucesivo* Tal sujeto era un temi¬ ble sabelotodo. Y como secretarlo de su jefe se adjudi¬

caba el derecho de tratarme como a un jovenzuelo» aun¬ que yo fuera 10 anos mayor.— Por otra partea, anos más tarde se supo que el individuo no se llamaba «Lundborg* sino «Fichenseher». Con motivo de la guerra imperante con Alemania, Don Gustavo habla adjudicado a sus emplea¬ dos más importantes apellidos que sonaban, a neutralidad. Así Ficlrenscher se convirtió en Lundborg* Luego de ha¬ berse firmado la paz, volvié a eer portador del hermoso

apellido Fiekenscher.

tarde en Palomar le levanta¬

mos un monumento.—

Pasando de lo superfino a lo esencialt Don Gustavo

vino, vié y… se decidió a participar. A su pedido re¬ dacté un exposé que le fue entregado el 4 de Noviembre de 1942. A continuación transcribiré algunos pasajes del mismo. Quien conozca Palomar hoy en día, podrá compro¬ bar si mis predicciones fueron o no ciertas»

«… Cada conocedor de la materia» que alguna vez haya meditado sobre edificación orgánica en la Argentina» compratirá mi opinión que con este terreno settraúa de algo único. En una palabra» existe la posibilidad de confeccionar y llevar a cabo un Plan de Edificación» como quizá Jamás haya sido creado alguno similar en Sudamérica.••

Durante los últimos decenios surgió la tendencia entre los dueños de los terrenos, de dividirlos en tantos lo¬ tes como fuera posible» para acumular de esta manera tan tos inocentes como temblón fuera posible. Entonces ba¬ jo la carpa se organizaba un remate» en el cual Pulano y Mengano, rico y pobre, adquirían los lotes. Y allí comenzaba la construcción sin la menor uniformidad de estilo. Uno construye un rancho de chapa ondulada, otro un moderno chalet, otro un indescriptible algo que deja sin rebocar hasta que sus finanzas lo permitan. Con es¬ tos precedentes aparecieron los numerosos y espantosos «barrios» en las inmediaciones de Buenos Aires. Ho pa¬ saría en forma distinta con Villa Ilusión, si ésta ca¬ yera en manos de aquellos especuladores faltos de escrú¬ pulos. ..

Eesumiendo, tengo la firme convicción que colaborando decididos capitalistas con el trabajo de expertos en la construcción, surgirá algo verdaderamente satisfactorio. Señor fíerten, quisiera cerrar este exposé con sus pro¬ pias palabras, dichas hoy durante nuestra visita a Palo¬ mar i “Aquí existe la posibilidad de crear algo hermoso, algo nunca visto para el pueblo de la Argentina… y ade más de ganar con ello mucho dinero*#—

Este erpooé fue pasado en limpio por mi mujer, como secretaria» Hoy teniendo la obra terminada, se lo dicto a mi hija Keidi, de 19 anos» Acaso, no es lindo?, no puedo de^ar de pensar..*

Compra de los terrenos.—

El 8 de Noviembre de 1942 tuve m>» conferencia con Herten en su isla Hiawatta en el Hio Capital. El 9 del mismo mes tuvimos una con los señores Herten» Lische, «Lundborg» y «van Houten» t cuyo verdadero nombre era Thornas. De acuerdo con las medidas bélicas de Herten» tomaban parte un urugauyo, un argentino» un sueco» un holandés y un alemán. En realidad éramos todos alemanesc Pero por decisión de Herten nadie debía saberlo.—

El 12 de Noviembre de 1942 Don Gustavo y yo nos diri¬ gimos al salón de remate en el Sanco Popular en Buenos Aires* Con respecto a la financiación hablamos arreglado que él pagarla la sena y el resto lo conseguiríamos ven¬ diendo casas o F»I.N.C.A* por sus propios medios» Antes del remate» Don Gustavo me entregó 250.000»— (más o menos 65.000»— dólares) que estaban destinados al pago de la sena y comisión. –

El rematador» Señor Casal, comenzó con sus caracte¬ rísticas palabras de bienvenida. Hay 50 ó 60 presentes, en su mayoría curiosos. Casal se dirigía directamente a mi* «Estos serla para F.I.N.C.A., Doctor Zeyen» tendría campo de acción para sus ideas. No pierda la oprtunidad, etc…, etc… y cuanto de bueno pueda ser dicho. Yo es¬ taba sentado al la do del señor Herten» quien admiraba

mi aparente tranquilidad. Mis nervios hablan alcanzado el punto de ebullición. Al concluir su discurso el rema— tador pidió ofertas. Los terrenos se remataban en tres fracciones. Tocaba el turno a la primera. «Ofrezco la base» (Pesos 0,67)* dije. «Pero doctor* eso es una broma»,

fue la respuesta de Casal. Del rincón izquierdo del

, *

salón se escuchó ° ££t 0,70 Pesos por vara cuadrada»,

«Pesos 0,75», sigo ofreciendo y «Pesos 0*80» el otro* Entonces ofrezco sólo 2 centavos más, es decir Pesos 0,82 a lo que el rematador replica que no sea tan mez¬ quino. Mi único adversario, un aopderado de la Compañía de Seguros La Sudamérlca, quedó en silencio* Por fin el martillo fue golpeado por tercera vez… y la fraccción número 1 nos pertenecía.*

A continuación se remataba la segunda fracción, que

después de corta lucha nos fue adjudicada por Pesos 0,70

por vara cuadrada. Seguidamente la tercera al precio de

Pesos 0,76 la vara cuadrada.*

Todos los terrenos, incluyendo la cuarta fracción,

que compramos más tarde, nos costaron t

  1. Fracción.•…… Pesos 291.£L2,80

2a. Fracción. » 276*261,39

3a* Fracción. * 299.941,46

Total…………… Pesos 867*516,17

aproximadamente 217 * 000 ,— dólares.-

El precedente precio en pesos se paga hoy en día de buena gana por un lote de 300 m2 en la Avenida Veralelce.- Me adelanté y pagué* pesos 86.751,60 más 2?t de comisió n 17*350.32

Sotal.. 104.101,92

Se confeccionó el Boleto de Compra-Venta a mi nombre. Finalmente comprobé que de los 250.000,— Pesos previs¬ tos en concepto de sena, me quedaban Pesos 145.898,08 en el bolsillo. Don Gustavo los guardó sonriendo. En cifras redondas, hablamos comprado los terrenos a Pesos 1.115*000,— menos de lo pensado. Aquí debe considerar¬ se que en aquella época 1 méllón, todavía era 1 millón, es decir 250.000,— dólares.— Festejando la jomada to¬ mamos un cafecito en el Paulista a Pesos 0,15* Eso si que podíamos gastarlo1

En el curso de las semanas subsiguientes, comenzó el juego de intrigas del ya mencionado Ficlcenschar-«Lund- borg», lo que duró hasta que Herten y yo nos cansamos y decidimos comenzar la construcción de la Ciudad—¿ardin sobre otra base.—

El lapso de tiempo entre resolución de comprar y el remate habla sido demasiado corto para precisar detalles referentes al desarrollo del negocio. Herten y yo concre¬ tamos un Gentleman—Agreement, según el cual, una vez efectuada la compra, dejaríamos constancia de sus con¬ diciones. –

Herten sugirió fundar una sociedad Anónima «Parque Eiehmond n , de la cual él serla presidente y yo director. Acepté con gusto. Al día siguiente Herten me comunicó su cambio de opinión. Serla conveniente designar director a una persona «neutral». P.I.K.C.A* era considerada como anti—germana» mientras que su firma puhraaim S.A. no quería ser vista como tal. Esta idea según Herten procedía de Pickenscher* Lo cómico era que desde hacia meses F.I.H.C.A. figuraba en la Lista Hegra de los alia¬ dos. Herten» al contrario habla cambiado a su gente sus nombres alemanes como Plc&enscher, Tilomas, etc. en otros «neutrales»» como lundborg, van Houten. Yo no tenia el menor interés en intrigas ni en negocios raroa. Consi¬ deré el sueno de director de pichmond S.A. como borrado* Esto me fue fácil» ya que poco después fui nombrado dx presidente de la compañía COA, que dotaba a la Ciudad— Jardín de agua corriente y la cual más tarde tomarla a su cargo la cloaca central, si Ficltenseher—Lundborg em¬ bromarla demasiado, ya le iba a cortar el agua.-

» Senoíllas pero dé ftal gusto»*—

El 2 de Diciembre de 1942 visitamos con Herten al Intendente de San Martín, Del Carril» quien enseguida se mostró entusiasmado por la construcción de una Ciudad- Jardín en su partido* Pocos días más tarde visitó con nosotros los terrenos* Lo acompañó el ingeniero de la Intendencia, Montpelat, quien con su corto entendimiento contribuyó a que tuviera que andar más de un ano detrás de las autoridades tratando de conseguir la aprobación del plano de la Ciudad-Jardín.-

Pensábamos construir linos miles de casas baratas, para la pequeña clase media. Era aquí donde la necesidad era mayor y es hoy en día mayor que nunca, la Idea que la planeada Ciudad—Jardín llegarla a estar formada por una población heterogénea, en donde alterna la sencilla ca¬ sita con la casona majestuosa, no figuró parnés ni en

i f

nuestro sueños rafes audaces* ■ *

Bebo mencionar al arquitecto Federico Behrendt. Con sus 70 anos y su energía se joven trabajó en nuestra obra desde los principios * Behrendt habla sido en Breslau y traía consigo cierta experiencia en el taire no de la vivienda* Merece especial mención su capacidad de organización» Por desgracia sus bocetos de vivienda no concordaban de ninguna manera con el gusto de los argentinos* Sus casas eran de simplicidad prusiana, nada sudamericanas* las malas lenguas las apodaban «sencillas, pero de mal gusto». Sus jóvenes colegas, arquitectos Juan Behrendt y Oscar Kongsfeld, eran dueños de mejor gusto. Pero no llegaron a imponerse* En discusiones de este género el «viejo» no dejó de afirmar tener ra2Ón.

Asi podía suceder que entre las primeras construcciones aparecieran verdaderas deformaciones del buen gusto ar¬ quitectónico. Luché en forma desesperada contra su mal gusto y repetidamente traté de llevar a los tres arqui¬ tectos por un mismo camino. Imposible* No quería perder a Federico Behrendt como compañero de trabajo* Habla lle¬ gado a saber apreciar su talento en varios aspectos. El «viejo» se mostró más fuerte que sus jóvenes colegas y cuando después de una acalorada discusión, golpeé tras de 3Í la puerta de mi despacho, debimos separamos* Al poco tiempo recibimos su reclamo de indemnización por Pesos 333*000»— ( en aquella época aproximadamente 79*000»— dólares). Más tarde le pagamos 50.000,— Pesos . • • Pero me adelanté demasiado con mi relato…

La provisión de agua,—

Uno de los problemas más Importantes que debíamos solucionar era el de la provisión de agua. Instalar ana bomba para cada una de las casas hubiera sido »nn locu¬ ra. Decidimos proveernos de una instalación central pa¬ ra la provisión de agua.$l intento de conseguir agua de la Cía. de Aguas Corrientes San Martín fue en vano. Por lo tanto en principio nos slrvlón un poso de agua con motor xxx y cañerías hacia cada una de las casas. Esta primitiva instalación se convirtió con el correr de los anos en la ejemplar red de agua corriente que abarca hoy hasta el último rincón de nuestra Ciudad—Jardín.—

Recuerdo perfectamente la advertencia del gerente de la Cía. de Aguas Corrientes San Martin, quien nos hizo notar que el que emprendíamos era un trabajo muy ingra¬ to y nos darla grandes dolores de cabez$. En aquel mo¬ mento no imaginaba cuánta razón tenia.•• Nada es tan propiolo a los desvíos demagógicos como la discusión de la tarifa del,agua. Más tarde ya me darla cuenta yo mis¬ mo…

 

3er« CAPITULO

1943-

Comien aa la lucíia con l as autoridades en Tji plata»- *

  • i

Casualmente ríe topé con mi viejo amigo, Dr. Enrique J* Píate* el 18 de Febrero de 1943 en la calle Florida* reanudamos las relaciones con quien ya habla trabajado varios ano3 atrás* En aquel tiempo necsitaba la ayuda de un consejero jurídico en las cuestiones que surgían a diario con respecto a servicios públicos como agua* luz, cloacas, etc. para la Ciudad—Jardín.— Además debía¬ mos lograr aún la aprobación del Plano General de urba— nisación. Píate, con sus conocimientos y su experiencia, era sin duda la persona indicada.—

Con sus pocos anos llevaba consigo una considerable carrera al servicio del Estado* Curante los anos sub—

b

siguientes, se retirarla repetidas veces de F.I.N.C.A. y volvería a ella igual de tantas. lío deja de ser intere¬ sente dar un vistazo sobre los puestos que ocupé en el transcurso de 25 anos. Fue Vemos que el puesto en P.I.K.U.A. fue el más estable. La renovación de las relaciones con fíate alcanzarla especial importancia después del 4 de Junio de 1943, Consecuencia para nosotros de la revolución estallada en aquella fecha fue que en La Plata en lugar de tener que tramitar con las autoridades civiles, lo tuvimos que hacer con los interventores militares. Valiosísima en tales circunstancias fue la ayuda del padre de Enri¬ que Píate, almirante Píate, maravillosa persona a quien recuerdo con sincera veneración. Su alto rango militar me abrió las puertas a los diferentes ministerios y otras autoridades. Si en aquel tiempo no hubiera conta¬ do con el almirante Píate, creo que la autorización pa¬ ra la edificación de la Ciudad—Jardín aún no nos habría sido concedida.—£x

Como hace muchos anos que llevo un diario personal, pueda informar hoy con certeza sobre el transcurso de mi «Via Orueis» durante aquellos meses. Casi sin excep¬ ción en compañía del almirante Píate, hice 102 viajes a La Plata, tuve 139 audiencias con 16 gobernadores, ministros y otros altos funcionarios. En una palabras durante un ano y cinco dias estuvimos en movimiento pa— ra lograr algo, que según la opinión del gobierno era un grave problema a cuyo tratamiento debía darse preferen¬ cia. –

En el fondo no puede serles tomada a mal su actuación a aquellos señores de galones dorados. Ponían manos a la obra, más de una vez con la mayor buena voluntad, pero sin el menor conocimiento de la materia. Me escuchaban I

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llenos ¿te Interés, se» admiraban ante tan maravilloso proyecto y aseguraban que el Estado por medio de ellos no podía dejar de apoyarlo. Pero… generalmente alli acababa todo» Lo demás era puesto en manos de subordi¬ nados, quienes permanecían inertes en su burocrática mo¬ licie.—

Quizá tuve mucha mala suerte. Quizá tuve que tratar con los funcionarios más tóntos, cuya dureza de entendi¬ miento era similar a la del granito.•. Recuerdo a un valioso ejemplar de la difundida especiei el ministro de gobierno Odriozola. su otro puesto era capitán. Habla sido subalterno del almirante Píate. Este último me con¬ té de tal individuo que sindo joven oficial y con moti¬ vo de una maniobra habla conducido su barco tan magistral- mente que en caso de guerra en tiempos del gran Odrto¬ zóla la flota argentina hubiera sido aniquilada total¬ mente.—

X a este malogrado Nelson tenia que inculcar yo lo que era una Ciudad-Jardín y por qué queríamos levantarla.

«Maravilloso, maravilloso”, no se cansaba de repetir. »Siempre dije que habla que hacerlo. Hay que edificar Ciudades-Jardiñes y además soy de opinión que deben ser reabiertas las casas de juego y los prostíbulos. Todo ellos contribuye a la felicidad del pueblo.” El almiran¬ te Píate y yo nos mirarnos. El viejo marino lo habla to¬ mado en serio con sus prostíbulos y sus casas de juego. Afirmó que su iniciativa era casi tan importante como la

de construir Ciudades—Jardines.—

Los dos señores corrían peligro de perderse en el Plan I

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Odrlozola. íío sin trabajo conseguí llevar el tema nue¬ vamente a lo nuestro. Odrlozola, después de darme algu¬ nas palmadas en la espalda me aconsejó* «Siga asi, m* hijo, todo saldrá biéa* Esté seguro de mi ayuda, etc., bla…, bla.*.| bla.. • «

Pero hacer no hizo nada el señor ministro.—

Cierta vez 1c convencí que visitara los terrenos de la futura Ciudad—Jardín. Seria el próximo sábado y yo

*

insistía en ir a buscarlo con el auto, naturalmente du¬ daba que mantendría su px-omasa* Por otra parte tenia

!•

que viniendo solo 3e perderla indefectiblemente. «No, no de ninguna manera». Vendría solo. Decidimos encontramos el sábado a las 15 héras en el cruce de la barrera en Palomar. Pul puntual, Pero Odriozola no estaba. No sólo no fue puntual, no, no fue absolutamente nada. Son las 3 J/2, las 4, las 5* no aparece. Me voy triste y con una experiencia más. y tomo nuevamente laa decisión de aban¬ donar. ..

Al lunes siguiente naturalmente habla recobrado el ánimo de lucha. Son la3 10 de la manaría. El almirante Píate y yo estamos sentados en la sala, de espera del se¬ ñor ministro para enterarnos del porqué de su ausencia. Entramos# Sos recibe sonriente informándose sobre nues¬ tros deseos. Xa fracasada visita del sábado no la olmos mencionar* lío aguanto más y pregunto respetuosamente si el sábado el señor ministro quizá no encontró el camino. «Ah, cierto», exclamó el viejo y dirigiéndose al almiran¬ te Píate le contó que Justamente en aquel dia murió tía. En el curso de la conversación nos enteramos que ni siquiera era su tía, 3ino simplemente una tia, que a muy anciana edad habla pasado a la inmortalidad* El al¬ mirante y yo pusimos caras tristes* la conversación de los dos señores comenzó a girar sobre la mortalidad en general y 30bre la de las tías viejas en especial* 3)e Pal ornar no se oye palabra* Escuché durante algunos mi¬ nutos* Liúdo Junté mis papeles esparcidos sobre el escri¬ torio del ministro, los guardé en el portafolio que apo¬ yé sobre mis rodillas. Liúdo también., seguí esperando el fin del cuento de las tías* Como una criatura empacada no fui capaz de decir ni una palabra* Pero esto no lla¬ mé la atención de los viejos señores en su lamentación universal sobre las tías muertas» La audiencia llega a

su fin. líos despedimos y agradecemos. De la Ciudad—Jardín no se hablé más.—

Delante de la puerta tuve que decir llevado de rabiai «Este ministro tiene suerte que yo no sea el almiran¬ te Píate. En tal caso lo hubiera mandado, muy, muy lejos.»

p

Aquí h±± hice uso del clásico insulto argentino que no puedo transcribir en consideración de g»»»» lectora. Pero en su oportunidad lo dije con todas las letras*—

Otra audiencia imposible de olvidar es de las tan¬ tas con el gobernador Yerdaguer. El general era un escu¬ cha muy entusiasmado. Para la realización de mi idea nunca hizo algo. Cierto día conversábamos delante de la puerta después de una audiencia* El general gobernador mantuvo un discursito sobre el concepto de patriotismo, la patria y los deberes de cada uno haola ella. En mi convicción no tenia necesidad de las enseñanzas del gobernador paro escuché con paciencia. Me llamó la a— tención que el general hablaba de si como «argentino nativo» repetidamente y de mi como «argentino naturali¬ zado»,—

Me vino a la memoria que anos atrás habla jurado so¬ lemnemente ser un fiel argentino. En tal oportunidad el juez federal que presidia la ceremonia aseguró que en adelante no compartiríamos con los argentinos nativos sólo los deberes sino también los derechos, Ya no exis¬ tía diferencia entre uno y el otro* En esto pensaba. Sonriendo y a guisa de simple comentario al margen, obser¬ vé* «Oigo, señor general, que Ud, subraya la diferencia entre argentino “nativo» y «naturalizado». Permítame la observación que soy argentino con mayor derecho que Ud,» El almirante Piste y mi interlocutor me miran asom¬ brados. Sereno y con amabilidad compradora continüp*

«Yo, señor general, soy argentino porque quise serlo. Adopté esta nacionalidad por voluntad propia, a los 35 anos y en la plenitud de mis facultades mentales. Ud*, al contrario, es argentino porque su madre lo puso por casualidad en una cuna argentina». El gobernador medita profundamente, luego se dirige al almirante* «llene ra¬ zón el alemancito, tiene razón». Todos rien y la situa¬ ción está salvada, A la salida me dijo el almirante*

«Ud. es un caso único, pero me hico gracia ver como le paró el carrito al fracasado Deraóstenes»,—

Suposición de Palomar en la calle Corrientes.-

Paralelamente con los trámites en La Plata, corrían naturalmente los planes para levantar la Ciudad-Jardín, y*.* no dejando de lado la venta de las casas* Con tal fin instalamos una exposición en la calle Corrientes al 900, en el corazón de la ciudad* Fue inaugurada solem¬ nemente el 30 de ibril de 1943* Por medio de planos, cuadros y maquetas mostrábamos cómo habíamos planeado la futura oiudad-Jardin y cómo nos la imaginábamos. La exposición permaneció abierta durante varios meses* El jefe de ventas, Don Manuel Pereiro, y su gente atendieron en ese tiempo a varios miles de personas* «Esta exposi¬ ción es un exltazo”, me comunicaba Pereiro casi a diario. Este genio de vendedor efectivamente logró vender más de 100 casas en Palomar ántes que ninguna hubiera 3ldo empezada,—

La primera venta.*—

Pereiro vendió la primer casa en la Ciudad—Jardín al joven matrimonio Giménez el 11 de Mayo de 1943* Corrió a mi despacho, fuera de si pera comunicármelo* Festejan¬ do el acontecimiento, Pereiro habla tomado una fotogra¬ fía del matrimonio Gimüenez sobre el terreno de su futu— bo hogar. Se los ve en medio del campo, rodeados de al¬ gunos árboles, y más de 100 hectáreas de terreno sin

edificar. Pe qué manera pudo identificar Pereiro la jrfb- £ ubicación del terreno, no llegué a comprenderlo* Pero J

– io –

tampoco era necesaria tal exactitud# En la foto se los ve radiantes, tanto a los felices compradores como al no menos feliz vendedor# Era lo principal, A la tarde

el arquitecto Behrendt fotografió los quinientos pesos

  • *

que pagó (Jiménez en concepto de sena# En aquel tiempo no suponíamos que en el transcurso de pocos anos se invertirían en la Ciudad-Jardín más de mil millones de pesos.—

Como ya dije pereiro era un genio de la venta. Antes hutía viajado en manteca y pasado con éxito a la venta de viviendas. Un gallego de pura cepa, que no dejaba pasar oportunidad de ofrecer sus casitas# En tal rela¬ ción recuerdo un episodio característico que no quisie# ra dejar pasar al olvido# Pon Manuel habla sido victima de un infarto al corazón y estaba en el Hospital Español# Al visitarlo me contó la enfermera que Pereiro había ven¬ dido «na casa a su vecino de cama. Lo cómico era que los interlocutores no podían verse# Loa trámites fueron a to¬ da vez, a través del biombo que los separaba. A gritos

ofrecía

Pereiro y a gritos volvía la conformidad

de su cliente. Nadie podía igualarlo. Desgraciadamente Pereiro murió sin haber llegado a los cincuenta anos, poco después, de un ataque al corazón# No alcanzó a vivir el «Siglo de Oro» de las ventas en Palomar. Sin duda al¬ guna se hubiera hecho millonario#—

Nada de terrenos vacíos#-

Lo esencial era que en la futura Ciudad-Jardín no se vendían «terrenos vacíos* sino casas terminadas» lógica¬ mente con su terreno correspondiente, las viviendas eran edificadas en forma orgánica y de acuerdo con perfec¬ tos planos urbanísticos. En consecuencia ninguno podía edificar M a placeré* sino en cada calle iba una catego¬ ría determinada de casas. Entre elllas debía elegir el interesado* A este sistema, debe la Ciudad-**ardin su her¬ mosura» única en Sudantérloa. No debe pensarse que las casas eran uniformes. De ninguna manera. Poníamos es¬ pecial interés en que fueran todas distintas» tanto a la vista» como en la distribución de los ambientes. Tra¬ tábamos que en una misma calle hubiera siempre viviendas de igual condición de precio. Queríamos evitar la inme¬ diata vecindad de la mansión lujosa y la casita del em- pleado» En la Ciudad—Jardín vivían entre si tanto los «simples mortales» como los millonarios.-

la primera palada.-

la venta ya estaba en plena marcha» cuando se efectuó la primera palada en Palomar el 15 de Junio de 1943* Se trataba de una casa doble en la calle Ceibos» en un» de las cuales se aloja hoy la viuda de otro asiduo colabora¬ dor, Juan Bleyberg, fallecido en 1957* Bleyberg y su Hildchen» los inseparables» pasaban juntos cada momento libre, asi fuera caminando, más a menudo todavía con una buena copa en el Ástorla o en el Borussia* Hanimann no le era pesado a Hildchen sólo corporalmente» sino tam¬ bién después de haber tomado una copa más de lo necesa— rio# Hi.ldch.en soportaba todo con paciencia. Ranimann no hallaba en ella campo de ataque. Nosotros los lla¬ mábamos «Ehilemon y Baucis», «Pablo y Virginia» o «Ger¬ mán y Dorotea». Para sus viajes de inspección por la Ciudad—Jardín Bleyberg utilizaba un Jeep amarillo que le quedaba a medida. Como era bastante Ranzón protegía su barriga con un delantalclto contra el roce del vo¬ lante. Parecía un albañil en viaje de propaganda.—

Bleyberg ocupó en el transcurso de muchos anos varios puestos de importancia en F.I.N.C.A.» por ejemplo jefe de ventas, jefe de la Planta Industrial, etc*—

Como la instalación de agua aún no estaba terminada t se conducía el agua para la construcción desde una bom¬ ba cercana que proveía al ganado del vital elemento. To¬ do esto era primitivo al extremo» pero funcionaba a la perfección, ya que todos participaban con el mayor en¬ tusiasmo. Los únicos habitantes de la Ciudad—Jardín eran en aquella época unas 150 vacas. £1 campo habla sido al¬ quilado al dueño de las mismas» Agusti» Observamos un adelanto considerable desde antonces hasta fines de 1955 (cerca de 12 anos) t ántes 150 vacas* en 1955 aproxima¬ damente 20 mil seres humanos.-

La primera torre de agua.—

  • k

El 13 de Septiembre de 1943 comenzó a funcionar nues¬ tra propia instalación» que inauguré solemnemente. La verdadera Inauguración consistió en que el mecánico ca¬ pataz» un tal Hinze* casi se ahogó. La afluencia de la torre provisoria a la primera calle dotada de agua corrien te sucedía por medio de un fodo de aproximadamente un metro de profundidad, la comunicación entre las canarias habla sido efectuada* la válvula principal fue abierta y con fuerte presión fluyó el agua hacia la nueva ca¬ ñería. Modestamente obteníamos 120 m3 por hora. Repenti¬ namente se tuerce y retuerce su cano en el lugar de u— nión, Hinze se larga al foso lo peor con sus propias manos. Pero ya sucedió. Con enormes fuerzas se avalansa el agua por el angosto foso. Hinze desaparece de la su¬ perficie. Enseguisa lo extraemos de su fangoso baño.

Para morirse de risa. Sólo Hinze no estaba con ánimo de risa. Insultaba. Nosotros* los espectadores organizamos de esta manera la primera risa oficial en la Ciudad Jar- din Lomas del Palomar.-

La bomba era impulsada por medio de un motor Diesel* comprado de segunda mano. Más tarde nos sirvió también para la provisión de luz. Sobre él y sus manas tendré mucho que contarles.—

El problema de la corriente eléctrica.—

Hablamos solicitado de la Compañía Argentina

de Electricidad CADE* corriente para la Ciudad—Jardín.

i

Nos fue negada por falta de material. (Nos encontrába¬ mos en plena segunda guerra mundial}. CADE no estaba en condiciones de ampliar sus instalaciones.—

En mi desesperación visité al presidente de CADE, Dr. Carlos Ifeyer Pellgrini* a quien* como ex-soclo del Dr. Y/ernicke, conocía muy blén. Me encontraba en compañía del arquitecto Federico Behrendt y debe ser atribuido a la existente psicología de guerra que fuéramos reci¬ bidos tan fríamente. Para él F.Z.H.C.A. era una compa¬ ñía nazi a la cual no debía ayudar. Comprobé que ex¬ plicaciones chocaban contra su irrevocable desinterés..

Behrendt participaba pero se expresaba con dificul¬ tad en castellano. Yo sabia que IJeyer—Fellegrlnl domina¬ ba el alemán como el castellano. Traté de dar un giro alemán a la conversación, diciendo en aquel idiomat «Este proyecto merece el sudor de los nobles» Hubiera si¬ do una excelente oportunidad para Meyer—Pellegrini de continuar en alemán, cuando las dificulatades de Behrendt deberían haberlo enervado. Yo mismo no me lo podía per¬ mitir por cortesía, respetando la costumbre del país.

El presidente de CABE lo dejó a mi colaborador seguir tartamudeando la lengua de Cervantes. Si, habla que te¬ ner gran cuidado con estos alemanes* Y Behrendt era ju¬ dio y Meyer-Pe11egrini medio judio.—

Cuando noté que tendríamos que arrancar con las manos vacias, me sumergí en obstinado silencio. Meyer-Pellegrlni termihó la conversación con estas palabras* «Entonces deberían esperar tiempos mejores para levantar la Ciudad- Jardín.» Si, pero la última palabra fue mfia, diciendo*

«No, señor, üd. se equivoca, la Ciudad—Jardín se construi¬ rá igual, aunque üd* no nos dé corriente. Y puede estar blén seguro». Se encogió de hombros y la audiencia se dió por terminada. Yo me hallaba frente a un nuevo pro¬ blemas el problema de la provisión de corriente eléctri¬ ca.—

 

Ida y vuelta entre San Martin y La Plata.*

Mientras que nosotros andábamos tan ocupados en so¬ lucionar un problema tras otro, las autoridades corres¬ pondientes, todavía no se hablan decidido a aceptar o no el proyecto.-

Y todo quedaba estancado en manos de la burocracia..• Ninguno de aquellos individuos mantenidos a impuestos abandonaba su clásico letargo#•« Por mi parte s xplta x explotaba de rabia y nerviosidad.—

Los esfuerzos para teg acr lograr la aprobación del proyecto pueden ser divididos en dos etapas* Primero, la de la Municipalidad de San Martin y segundo, después del triunfo de la revolución del 4 de Junio de 1943, an¬ te las autoridades provinciales en La plata# Comencemos con San Martin.—

Después de incontables conferencias con el intendente Del Carril y su asesor téctAico Montpelat, nos hablamos puesto de acuerdo sobre las bases del proyecto. Por fin se encontraron estas bases en poder de las autoridades correspondientes en San Martín el 15 de Marzo de 1943» Nuevamente innumerables conversaciones con los jefes de sección. El proyecto debía ser presentado al Concejo De¬ liberante (delirante, lo llamábamos nosotros) san

Martin el 4 de Junio de 1943 para su aprobación definiti¬ va. Pero para aquel día meorable nuestros militares te — nian otro proyecto. Durante la manana tropas ocuparon la casa de gobierno. A la tarde la revolución habla

% r r* í

«triunfado* J*6g±cámente el Concejo Deliberante no mantu— vo xt su sesión. Sus miembros se mantuvieron ocultos. Tenían cosas m&s Importantes que hacer, en lugar de aprobar el plano para una futura Ciudad—Jardín. Natural¬ mente la administración nacional quedó sin autoridades y nuestros planes, una Tez más… en el aire.-

El destituido Intendente Del Carril, nos habla permi¬ tido comenzar coh la edificación en Palomar, consideran¬ do la falta de trabajo imperante en su Partido. Asi em¬ pezamos a trabajar con ánimo y confianza en Dios, aunque el proyecto aün no habla sido aprobado. Preocupado es¬ taba a la espectatlva de las nuevas autoridades. Temía que el nuevo Intendente nos retirara el permiso de su antecesor, porque* prohibir lo que el antecesor permitió y tacharlo de locura es cosaá de honor en toda revolu¬ ción argentina.-

El 6 de Julio de 1943 fue nombrado el nuevo interven¬ tor Bottino quien, cosa de no creerse, después de haber¬ me recibido amablemente, accedió a que continuáramos con la construcción. Asimismo prometió ocuparse de la pronta aprobación del proyecto, porque «una obra tan no¬ ble” merecía el apoyo de las autoridades en todo senti¬ do. Pero… el 20 de Julio de 1943 me informó personal¬ mente que él no tenia facultad para aprobar el proyecto, en adelante era asunto de las autoridades provinciales en La Plata.—

Si, y aquí comienza nuestro verdad eso Via Crucis que debía durar hasta el 26 de Julio de 1944. Como ya escri¬ bí* fueron necesarios 102 viajes a La Plata, 139 audien¬ cias con gobernadores, ministros, para lograr en un ano y cinco días lo que con la dedicación adecuada y consi¬ derando la urgencia del asunto# no debía tardar más de un mes. Uno de loa jefes de la Dirección de Catastro y Geodesia, el ingeniero ChurruarÜ, me aseguró el 18 de Octubre de 1943, que el estudio técnico del asunto du¬ raba 10 dias. Supongamos que 1 a Municipalidad de San Martin baya necesitado otros tantos días para su estu¬ dio pre—revolucionario. Serian en total 20 dias* Los 350 dias restantes fueron utilizados para pandar el ex¬ pediente de un lado a otro, para mayor gloria de una bu¬ rocracia estéril. Y el pueblo clamaba por vivienda y el gobierno subrayaba en cada una de sus publicaciones que tal problema debía ser tratado con preferencia. Era de no creerlo!1

El expediente desaparecido.—

Bottino prometí’o mandar enseguida los expedientes a La Plata para continuar con su tramitación. Entretanto hablamos conversado con el ministro Odriozola, quien se comprometió a la pronta terminación del asunto. El ex¬ pediente es despachado de San Martín a La Plata por Cer¬ tificado y dirigido al ministro personalmente. Pasan 8 dias y el almirante Píate y yo lo visitamos a Odrlo¬ ada para saber sobre el destino de lo nuestro. El expe¬ diente no llegó a La Plata, liadle sabe nada. Vuelvo a San Martin (85 km), Me entregan el recibo del correo.

Con el recibo voy al correo, en el correo me muestran

la firma del empleado en La Plata, deun tal Rocha, Vuelvo a La Plata (otros 85 km) a lo del ministro* Rocha es llamados ai…, se acuerda haber recibido algo asi* Pu¬ so la carta sobre el escritorio del ministro y de allí desapareció* Todo se revuelve* Rada se encuentra. Hoy todavía, estarla dispuesto a regalar una buena suma a los pobres si averiguarla quien fue el animal que hizo desaparecer el expediente* Que fue hecho con toda inten¬ ción, no cabe la menor duda. Quizó un «revoluc 1 onar i o» quiso embromar a otro «revolucionario» y los embromados fuimos nosotros.—

Cuando ya teda búsqueda era en vano, volví a Buenos Aires. Trabajando dia y noche durante una semana, Xsx nuestros arquitectos Federico y Juan Behrendt y Oscar Mongsfeld reconstruyeron la solicitud con todos los pla¬ nos requeridos, cálculos, etc* Esta vez entregué todo personalmente en manos del ministro en La Plata* El caba¬ llero dijo por lo menos: «Tengo que pedirle disculpas en nombre del ministerio». Bueno, por lo menos era algo.

Le dije que la mejor disculpa seria si llevara el asunto a su definitiva aprobación. Lo prometió solemnemente. Igual pasaron cinco meses hasta que su súcesor, a él se lo tragó la tierra, suscribiera el proyecto. Entonces nos dedicamos a la transmisión de las calles a la provincia, lo que nuevamente duró siete meses.—

Jardín Zoológlcé.-

Las dificultades seguían, pero nosotros también se¬ guíamos edificando, ya nos enorgullecía una hilera de te- chos rojos, cuando recibí el llamado telefónico de Bottino. lamentaba comunicarme que la población se bailaba altera¬ da por nuestra construcción sin que el plano haya sido aprobado, yo tenia que presentarte una autorización es¬ crita del ministro para continuar edificando, sino habla que suspender… Pul a verlo y traté de hacerle compren¬ der el daño que causarla tan absurda medida. Quedó firme en su decisión, pués la*población n jaacnttB … y yo sabia quien era esta «población», nadie mée que su futuro yer— no, peligroso,sujeto que ocupaba el puesto de arquitecto en la «íunicipalidad aunque le faltaran aprobar los últi¬ mos exámenes.—

21 joven caballero de unos 25 anoa hacia alardea de su elocuencia, mientras que el tema de conversación cayó sobre el gerende de P.I.K.C.A., Enrique Lampe. Como Lam¬ pe se destacaba por su corpulencia, el joven príncipe lo nombraba únicamente el «gordo”. No dejó de disculparse, di¬ ciendo! «lo nombro asi, porque no me acuerdo de su nombre. Enseguida repliqué* «No se preocupe por tales pequeneces.

Si Ud. supiera como lo llamamos nosotros en P.X.N.C.A… no alcanza el Jardín Zoológico entero…» El hombrecito es¬ tuvo a punto de explotar. Su futuro suegro, al contrario me dijot «Apacigüese”. —

Después de esta conferencia, viajé una ves más a La

t

Plata, después de haber pasado a buscar al almirante Píate* Se ofreció para 11 ajuar a Bottino inmediatamente par telé* fono* A la manan siguiente hablo con el intendente* rt No* la orden no ha llegado n * Le pido al almirante Píate que le llame al ministro* lo que éste tambaren hace enseguida* El ministro explica que conversó con el intendente* la indignación popular por la edificación anticipada» sagím lo comunicado por s4 oficina técnica, no podía ser con¬ tenida*.* Y entonces «no me animé», fue la respuesta del ministro* No podemos olvidar que como marino ya fue ta¬ chado de héroe*•• Comprobé que el futuro yerno debía estar satisfecho* NI Jardín Zoológico habla sido venga¬ do*—

Efe di por vencido* Mandé un mensajero a Palomar con la orden de suspender momentáneamente los trabajos* A la ma¬ ñana siguiente, el 28 de Septiembre de 1943» le hice saber al ministro que yo ya habla suspendido la edificación y que no necesitaba molestarse. A pesar de todo, una s ho¬ ras más tarde apareció un empleado quien dió orden de de¬ jar de trabajar a los que ya no lo hacían, Tal gloria se la adjudicaba a si mismo* Además el caballar!to quería su venganza. Y la tuvo* «Hay que embromarse», dicen los argentinos en tales oprtunidades*—

Enrique lampe»—

En lo que precede nombre a mi querido amigo y compañe¬ ro Enrique lampe. Ya en aquel tiempo sufría de una terri¬ ble enfermedad, lo que no lo hizo desistir ni un momento de marchar fielmente a mi lado en la»lucha por Palomar». Todavía alcanzó a tener la alegría de poder comunicarme telefónicamente desde la Plata el 30 de Diciembre de 1943 que el proyecto Palomar habla sido suscripto hoy por el gobernador Legón. Para los muchachos de P*I.N.C*A  aquello significaba un feliz fin de ano.—

El 22 de Enero de 1944 viene lampe por última vez a la oficina. «No puedo más % fue su triste despedida.*• El 10 de febrero lo enterramos en el Cementerio Alemán. Una casa de departamentos en F.I.N.C.A. yuna calle en Lodelpa que llevan su nombre, harán que siempre sea re¬ cordado.-

4° CAPICULO

1944

La 11 Inter3ante» cuestión de las calles*—

No debe pensarse que con la firma del gobernador todo estaba solucionado y que podíamos dar rienda suelta a nuestras ansias de edificar. Al contrario. Apenas resuel¬ ta esta formalidad, surgieron nuevas dificultades.

Para urbanlsar una parte del terreno sobre el cual que¬ ríamos comenzar a edificar, debía ser resulta la cues¬ tión de las callea. Esto quiere decir, transferir la su— perflcie de las mismas a la autoridad correspondiente. Be ahí surgió una «Interesantísima» cuestión de competencia entre Provincia a Municipalidad que ni hoy está defini¬ tivamente solucionada. Esencialmente consistía en lo si¬ guiente* la Municipalidad se adjudicaba el derecho, de acuerdo con los sucesos históricos anteriores de reclamar que las calles le fueran cedidas. Pero el consejero ju¬ rídico del gobierno revolucionario en La Plata, reclama¬ ba, apoyándose en la validez de una ley referente a la fundación de nuevos pueblos, la transmisión de las calles al fisco provincial, aunque la población se hallara den- ro de los limites del Partido de General San Martin.- El punto de vista de los jueces provinciales se im¬ puso y el decreto correspondiente fue firmado* Pero cuan¬ do los expedientes volvieron a la Municipalidad, ésta de¬ claré que la Ciudad—Jardín ya no era asunto de ella. Sim¬ plemente, para la Municipalidad no existíamos. La com¬ petencia habrá sido muy interesante para los juristas.

Para nosotros no lo era. Mientras tanto no teníamos calles aprobadas. No podíamos entregar los planos. Paitaba la iluminación pública. No se recogía la basura. Ho tenía¬ mos policía. Nuestras calles no se cuidaban ni se lim¬ piaban. Resumiendo* para las autoridades no éramos na¬ die* Simplemente no existíamos*

  1. sección.—

Las dificultades no atenuaron nuestro afán de construir Desde que la primera palada habla sido dada el 15 de Junio de 1943t podía darse por empezada la la. sección.—

E3ta primera sección está comprendida entre Boulevard Gral. San Martin, Los Geranios y Los Aromos.—

La familia 31

liltf

emana se muda a Paloma 1 **-—

El 29 de Febrero de 1944 entraron a vivir en la pri¬ mera casa terminada en la calle Jacarandáes, como pri¬ meros habitantes Rodolfo Zimmermann con su esposa Lilly e hija Elena y el arquitecto Juan Behrendt. si digo “ter¬ minada» es un poco exagerado, pues el hogar de los Zimmer- mann dejaba mucho que desear- todavía* Pero como el ar¬ quitecto director de obras vivía en la casa, pronto es¬ tarla «terminada del todo»* £1 matrimonio Zimmermann 7 el arquitecto Behrendt hablan habitado una linda casa en el Barrio ?*X.N,C*A* en Béocar* Ün «empujoncito de arriba» los llevft a mudarse a aquella r egi 6 n nada hos¬ pitalaria* Eudi mismo me contó cuántas lágrimas costó a Lilly tan indeseada mudanza. Con la instalación de la familia Zimmermann fijamos oficialmente el nacimiento

de la Ciudad—Jardín* –

En el transcurso del ano 1944 los siguieron como nue—

vos habitantest Dr. Brieger, Pr. Zeyen, A* Sánchez, P, Llppelt, C* Líones Ruis, C. Greco, O* Balella* J« Maccarini S. Boldán, P. van Svygenhoven, M. Dávila, 3>. Horan, Irene V/olf, A* Puente, M. arañados, Emilia Otero, J. Costamagna, M* Oitana, S* Medina* C* Anorga* J* Fonso» X* Sobar 7

  1. R e ggio*-

Haturalmente teníamos que ocupamos de que estos pri¬ meros habitantes no tulleran que prescindir de todos los

adelantos de la ciencia. So habla luz* les regalamos a la gente una lámpara patentada. La basura la recogía un carro de P.I.N* C.A. 7 la policía la reemplazábamos por un sereno amado. —

Policía,—

A nuestro sereno le aconteció poco después un hecho singular* Como ya se sabe* para nosotros no existía la policía* Nos pareció bién dotar a nuestro sereno de una escopeta. Su aspecto imponente debia servir para espan¬ tar a visitas indeseadas. Pero pronto pude comprobar que con nuestro afán hablamos ido demasiado lejos..

Be repente recibimos una citación de la policía quien tomo posesión de nuestro ünico «portador de armas n . Su escopeta fue embargada (lo está hoy todavía) por uso prohibido de armas. En adelante nuestro ángel guardián debía cumplir con sus funciones «desarmado». Pero… tal oportunidad nos sirvió para tener por lo menos una vea a la policía en la Ciudad-*Jardín, lástima que sólo por una hora.—

Para solucionar el problema de la policía resolvimos ponerles una casa a disposición, la que las autoridades prometieron pagar más tarde. Por medio de Innumerables tratativas logramos que por fin fueran estacionados en la Ciudad—Jardin un oficial con cuatro de sus hombres. Naturalmente, la comisarla no fue pagada jamás y perte¬ nece hoy todavía a F.X.N.C.A» Si alguna vez alguno de nuestros muchachos irla a parar al calabozo, podría afir¬ mar con toda certeza «estar en su propia casa».—

Luz gratis..

Como ya se sabe la CADE nos habla negado la corriente eléctrica. Como estábamos en tiempo de guerra era impo¬ sible conseguir el material necesario. Entonces compramos un motor Diesel y el 12 de Marzo de 1944 brilló por pri¬ mera vez luz «nuestra» en Palomar. Fue el arquitecto. Behrendt quien jubiloso me transmitió la noticia telefó- nicamente. Las casas habitadas eran pocas y no podíamos darnos el lujo de poner tres tumos de trabajo de ocho horas cada uno para la atención de las Instalaciones. L1-* mitamos la luz eléctrica desde que oscurecía hasta las 22 horas. Pero entregábamos la luz gratis.—

Con fines de trabajo me habla amueblado una casita en la calle Jacarand&es.-

A veces también pasaba la noche en Palomar* Una de es¬ tas noches jugaba al Skat con 2 amigos cuando relampagueé la luz, lo que significaba que faltaban cinco minutos pa¬ ra las 22 y que pasados estos cinco minutos se apagarla. Pasamos un rato agradable y no queremos interrumpid. Por lo tanto mando a alguien con espíritu servicial a nues¬ tra «usina» con la orden de dejar esta noche la luz una hora más y además encenderla manana entre las 6 y las 7 horas, lo que tampoco era costumbre. Asi se hizo. Hi ami¬ go Brieger vivía a pocos metros* A la manana siguiente, sin saber de la disposicién de la luz se afeité a luz de vela. Terminé y automáticamente quizo apagar la luz e- léctrica. Y… oh, milagro luz radiante brillaba sobre su rostro recién afeitado. Un poco más tarde lo encontré en la calla y me dijo* * Cuando esta manana se prendió la luz, le dije a mi mujer* Se nota quien está entre no¬ sotros». Tal pequenez puede a menudo darle fama de omni¬ potente a uno,—

Mi entras que luchábamos «proluz propia» les profeticé a mis amigos que la CADE nos darla su luz ántes del tér¬ mino de tres dias cuando la nuestra funcionara. Me equi¬ voqué sólo en 48 luirás. Ya el 17 de Marzo de 19$4 apare ció un representante de CABE con la noticia oficial de que de ahora en adelante nos darían luz. los proble¬ mas de material habían aparecido repentinamente. Igno¬ rarnos y dejarnos sin luz, eso si lo habían podido. Pe¬ ro cuando vieron que nos arreglamos sólos, entonces sí que tenían voluntad de ayudarnos en todo sentido. ¡So po¬ dían aceptar la competencia de insignificantes como no— totros que mostraban al pueblo que la producción de co¬ rriente eléctrica en realidad es tan fácilll! Ho, esé si que no podían arriesgarlo… Asi, después de indes¬ criptibles e innumerables formalidades burocráticas… por fin recibimos luz. Aquí se podría cambiar fácilmen¬ te un viejo proverbio* * Ayúdate a ti mismo y te ayu¬ dará CABEo-

Yo personalmente tenia intención de continuar con núes tra luz. Pero los otros señores estaban en contra. Holens, volens, madejé convencer. Pensaba que si seguíamos con las instalaciones propias tendría que sobrellevar laa preocupaciones y los dolores de cabeza… solo.—

&a primera ciudadana nativa.—

En lo que precede hablé de mi amigo Br. Heinz Brieger. Aquí me propongo contarles que aparte de sus muchos méritos, le corresponde el gran mérito de ser autor de un acontecimiento de suma importancia para nuestra joven Ciudad—Jardín. Fue el padre del, o mejor de la primera ciudadana nativa.—

Brieger y 3u mujer. Tí osalí a, hablan venido a vivir como habitantes W- 2 a una casita en la calle Ceibos.

Era un diseno original de Federico Behrendt que según el decir de laa malas lenguas se componía sólo de puertas. Brieger afirmaba que cuando entraba la luz del sol, ellos debían salir. Todos juntos no cabían. Era algo único aquella casa. Una verdadera obra maestra de su creador, a quien todas las musas parecían haber aban¬ donado. –

Eosalía Brieger era una señora joven y muy linda. . T cuyo pronunciado talle llenaba de esperanzas a todos de ver pronto aumentada la población en forma natural.-

Como en aquel tiempo vivíémos lejos de la civilización no podía pensarse en urna partera, ni mucho menos en un médico. Yo le habla ofrecido a Brieger llevar a su mu¬ jer en mi auto a la clínica en el momento necesario, siempre que estuviera. Como ya escribí, vivía sólo es¬ porádicamente en la Ciudad—Jardín. –

Brieger comunicó a su mujer mi propuesta y me con¬ testó que la misma no haría uso de ella, pues.••»le daba tanta vergüenza”. Bueno, esperemos, pensé. Llegó el 24 de Septiembre de 1944. Justo quería sentarme a la mesa cuando apareció el bueno de Brieger para decir¬ me* ”Ya empieza, doctor, recién acaba de reventar la bolsa de agua.2 «Con mucho ruido?», no pude dejar de preguntar. Después de todo, era la primera vez que ésto sucedía en la Ciudad—Jardín. La comida quedó en la mesa.

Me senté al volante, Brieger a mi lado, en dirección a la casa de las puertas, diatante a 150 metros de la mía. Allí estaba Rosalía, sumamente nerviosa…

y ya no se avergonzaba. Ahora el asunto se habla puesto serlo.

A toda velocidad la llevamos a la clínica en la calle* Las Heras en Buenos Aires. A la manana siguiente nos enteramos que durante la noche habla llegado Christel.—

Solemnemente la nombramos primera ciudadana nativa de la Ciudad-Jardih.—

El 30 de Julio de 1944 habla nacido la pequeña Luján María Figueroa, pero sus padres se mudaron pocos días después de la Ciudad’** Jar din. —

Lista Negra.—

Be un acontecimiento agradable a otro menos agrada¬ ble; el domingo 16 de Enero de 1944 leo,en el diario que tanto F.I.N.C.A. como sus firmas hermanas CALICANTO y LAMPE & Cía. figuraban el la lista Negra de los alia¬ dos. El porqué no lo sé. Mis compañeros de directorio eran todos argentinos’ nativos. Yo mismo, naturalizado hacia anos. Ocupábamos gran cantidad de judíos wm±r» en la compania( de los 4 arquitectos en Palomar, 2 eran judíos). Pero no vali6,áe nada. Figurábamos en la Lista y debíamos llevar las consecuencias. Aparentemente no nos importaba nada, pero fue un gran golpe. Enrique Lampe sufrí& más que ninguno. Tenia muchos amigos entre los ingleses. La Lista Negra le amrgó las últimas se¬ manas de vida.—

La mayor parte de nuestros proveedores pertenecía a circuios amigos de los aliados. El suministro de mate¬ riales nos acarreó graves dificultades, Pero pasó poco iempo y «por detrás** conseguimos lo necesario» en parte por representantes» en parte por firmas con otra de¬

nominación. Estas compañías no± tenían papel de impor¬ tancia en el comercio y podían permitirse romper con las reglas de la sagrada Lista.—

El primer dia después de la publicación apareció el representante del The First National Bank of Boston para comunicarnos el cierre de nuestra cuenta. A conti¬ nuación los diarios se negaron a aceptar nuestros avi¬ sos. Y acuello fue lo peor. Poco a poco se tranquili¬ zaron. Pasó aproximadamente un mes y los diarios acep¬ taron nuevamente los avisos de F.I.N.C.A. Después de todo el negocio era m’as importante que la sagrada Lista. – Nuestro nombre adornó aquella Lista famosa hasta el 5 de Diciembre de S945. Entonces nos tacharon junto con otras compañías sin que hubiéramos hecho un paso para lograrlo. Debe saberse que en aquellos anos de guerra la Lista Negra fue un peligroso instrumento de boycott por parte de los aliados. Quien mantuviera la más in¬ significante relación comercial con alguna de las fir¬ mas o personas que figuraban en ella» era inscripto in¬ mediatamente. Allí se tenlia todo lo que «arriba» no era considerado amigo de los aliados. Pertenecientes a esta¬ dos aliados eran castigados con severas multas en su propio país, si mantenían alguna relación con alguna de las firmas señaladas en la Lista. Concluyendo: en «y- aquel momento era peligroso ser nuestro amigo. Y la Ciudad-Jardín marchaba adelante a pasos agigantados.— Las autoridades 3U3penden la construcción de laa callea.-

Todavía tengo que escribir algo sobre las calles en Paloma»* Es demasiado tragi-cómieo. Y quizá sirva para demostrar a qué extremos es capaz de llevar en ciertos casos la triste actuaci&n de la burocracia. Ya conté que la Municipalidad y la Provincia se disputaban la posesión de nuestras calles. Nadie cedía y nadie de ocu_ paba de ellas. Pedimos a la Provincia y pedimos a la Municipalidad que nos hicieran las calles. Ambas se ne¬ gaban hasta que la cuestión de la posesión estuviera a- clarada» Por Yin me cansé. Bi la indicación de construir las calles nosotros y por nuestra cuenta. Los nuevos habitantes debían tener posibilidad de acceso a sus viviendas. Recién aquí se vió a lo que puede llevar la burocracia. Casi simultáneamente nos comunicaron las dos autoridades que habla que suspender los trabajos. Repli¬ qué que cederla tínicamente por la fuerza y pedít hacer paralizar los trabajos por la policía ante los ojos de la población, inmediatamente aparecieron los enviados de Provincia y Municipalidad uno tras otro. Y suspendie¬ ron los trabajos* Esperé hasta que el segundo hubiera doblado la esquina. Para regocijo de todos. Impartí la orden de continuar. Asi lo seguimos haciendo hasta el dia de hoy. No nos molestaron más. Quizá calmos en el olvido. Quizá se avergonzaron, … tan poco como autori¬ dades pueden avergonzarse.— Quién puede introducirse en la mente de aquellos cazadores de leyes?..

 

Arquitecto Waltoer»-

£1 12 de Junio de 1944 el arquitecto Waldner inició su actuación importante en la dirección de obras en Pa¬ lomar* Durante varios anos trabajé con gusto a su lado. Hasta que más tarde nos dejó por su propia voluntad por diferencias con su colega, el arquitecto Federico Beh— rendt. Waldner era un auténtico austríaco* Su gracia natural nos proporcionó gratos momentos de risa, hacién¬ donos deslizar las lágrimas por las mejillas. Justo había sido habitada la calle Aromos en la primera sec¬ ción* Entre las numerosas beldades femeninas atrajo la especial atención de Waldner una tal señora S* Verdade¬ ramente era un aspecto exhaltante cuando la misma se dirigía a hacer su primer paseo por el Jardín a la ma¬ ñana* L&evaba zapatillas de abrigo* Por lo menos una media se arrollaba a modo de acordeón* Su «negligé» es taba tachonado de remiendos y necesitaba urgentemente otros*.. El cabello Hm al viento kbí jpriBK. flameaba en pintorescos mechones* Su silueta era la de una escope¬ ta. Pero el atuendo creo que lo hubiera envidiado la propia Jachis Kennedy* Cierta manana waldner contempla¬ ba meditabundo aquel malogro de la naturaleza..* «le gusta?’ 1 , le pregunté. 11 Y**• realmente es un churro,” fue su respuesta*—

CADE no puede pagar*—ma. Aquí se trata de la indemnización que proyec ». ’Van

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pagarnos por nuestras instalaciones eléctricas que ¿Jo¬ dian utilizar para las propias, Eran en su mayoría pos¬ tes y cables conductores. Conversé con el ingeniero Bengolea, correcta y accesible persona, representante de CABE. Pero, nolens, volens seguía las directivas de sus superiores. Me hizo esperar tres meses. CADE ya habla instalado sus líneas, nuestro establecimiento ya estaba fuera de funcionamiento. En tal momento me co¬ municó que les era imposible pagar, ya quo nuestro ma¬ terial leo era completamente inservible. Que esto úl¬ timo no era verdad, lo podía palpar un ciego con su bastón. Pero, qué le iba a hacer? No hubiera sido dig¬ no de ser oído en un internado de señoritas lo que le dije a Bengolea refiriéndome al comportamiento de su compañía… Y después de todo me alegraba la idea de verme liberado del problema de la provisión de luz.

Y me callé la boca… después de haberme desahogado lo suficiente ante el inmutable Bengolea.—

La nueva torreé de agua.-

31 11 de Agosto de 1944 anexamos la red a la nue¬ va torre de agua de hormigón armado y después de un in¬ tento fracasado fluyó a las 11 horas 32 minutos el pri¬ mer agua hacia la red. Radiantes de alegría contemplan los casualmente presentes Jefes de E.I.N.C.A. y como tam¬ bién el problema de la luz estaba solucionado, compro¬ bamos satisfechos que hablemos adelantado un buen tre— cho. Era aquel momento pÓseiamos una torre y una perfo¬ ración, de la cual extraíamos el imprescindible líqui¬ do. Ms tarde la altura de la torre fue elevada consi¬ derablemente y se le anexaron tres perforaciones.—

El centfegimo Boleto de Compra—Venta.-

El 16 de Octubre de 1944 se firmó el Boleto de Com¬ pra-Venta por la casa número cien en Palomar. El 26 de Julio de 1944 las calles de la primera sección hablan sido cedidas a la Provincia, es decir que recién exis¬ tían legalmente desde hacía dos meses y medio. A pesar de esto ya se habían vendido cien casas.—

Suevamente debo referirme al éxito de quien era jefe de ventas, Don Manuel Pereiro. Pue el y su gente quines lograron alcanaar tal cifra en tan poco tiempo!

Y el éxito 4e fue fiel hasta la muerte.-

La Inspección General de Justicia.—

Repetidamente hice mención de autoridades que esta¬ ban en pro o en contra de nuestro proyecto. Entre ellas no puede olvidarse a la Inspección General de Justicia. En un principio sus ideas eran de sentido contrario a las nuestras* Más tarde las mismas se volcaron en pro de nuestro proyecto. Y la Inspección General de Justi¬ cia llegó a convertirse en nuestra protectora y amiga.— El director de la sección que nos correspondía, Dr. Alberto Guerizoli, y sus más cercanos colaboradores»  Dr. Adolfo Pardo y Nicolás Perriello en un principo no estuvieron en nada de acuerdo con lo nuestro.—

Observaban criticamente que una firma como P. I.II.C. A. administradora de dinero ajeno como Caja de Crédito Ee- cíproco, se dedicara exclusivamente a un proyecto ex¬ poniéndose de tal manera a un gran riesgo* y la Ins¬ pección General de Justicia se olvidaba que en nuestro caso no se trataba de un riesgo sino de la edificación de toda una Ciudad- X aquello habla que hacércelo com¬ prender. La respuesta a flor de labios era* ” lío es po¬ sible rt . y la 3 dificultades se nos acumulaban en el ca¬ mino.—

Por medio de numerosos escritos intanéé explicar mis ideas y conceptos a la Inspección General de Justicia. Por medio de escritos que recordamos hoy todavía con una sonrisa en amables reuniones.—

En auel momento todo era en vano. Jo velan y no que¬ rían ver.—

Llegué a la conclusión que tínicamente una visita a Palomar cambiarla la errada suposición de los señores. Insistí durante meses. Varios fueron los si y los no.

Por fin el 10 de Noviembre de 1944 contaba con la res¬ puesta afirmativa de los doctores Gueriaoli y Pardo. Ambos acordarían una visita a la Ciudad—Jardín al -la siguiente.—

Puntualmente lo fui a buscar al Dr. Pardo a su casa. Lo acompañaba su hijo Adolfito. Queríamos encontrarnos con el Dr. Guerizoli en una determinada esquina. Espera¬ mos media hora, una hora. El Dr* Guerizoli no aparece*  Llamamos por teléfono a su casa. Nadie contesta. Luego nos confesó el Br. Guerizoli que había vuelto a dor¬ mirse dado el poco entusiasmo existente por mi suplica¬ da visita. Pardo y yo sonreimos desilusionados * y via¬ jamos solos a Palomar. Allí mostré todo a pardo» quien lleno de entusiasmo no puso menos que decir una y otra vezi «Esto tiene que verlo Guerizoli».—

A la macana siguiente, domingo 12 de Noviembre de 1944» lo llamé a Guerizoli por teléfono a su casa. A—

a

parentemente también estaba en la cama» pero esta vez si que lo baria levantar! En todas las formas posibles le pedí hacer por lo menos hoy la visita prometida. Mil y lina escusas. No habla caso, foqué sm amor propio di— ciéndole que por favor no me dejara plantado como ayer*

Y aceptó. Nos encontramos a las 11 horas 30 en el Café Apolo en la calle Cabildo.—

Llegamos a Palomar y veo que sus ojos no le alcanzan parar mirar. Caminando cruzamos el parque en todas di¬ recciones y Guerizoli afirma repetidas veces* * Y creo que esto es un acierto.* Su s Ulcera convicción era que aquello llegarla a ser una gran obra*•. «Alcanzarlo es nuestra firme decisión» doctor», fue mi respuesta «Y… si su establecimiento nos dejarla un poco tranquilos, habríamos adelantado un gran paso’*.—

El Dr. Guerizoli me prometió que en el futuro podría contar con la protección de la Inspección General de Justicia. Y mantuvo fielmente 3 U promesa. El y sus cola¬ boradores nos ayudaron siempre dentro del marco de lo posible. Amablemente les ofrecemos un banquete que ya mnt^aaátt llegó a ser tradicional. A fin de ano nos visitan Grueriaoli y su gente (también los q”^ ya no forman parte de la Inspección de Justicia) para un asado de camaradería en Palomar. Y allí se recuerda. Y se ad¬ mira el progreso de la Ciudad—Jardín. Estos encuentros han sido ano tras ano desde 1944* ininterrumpidamente.—

Guia de Habitantes.-

A partir del ano 1944 editábamos anualmente una Guia de Habitantes. Allí se encontraban* además de los do¬ micilios muchas estadísticas interesantes, la historia de este libro se extiende a lo largo de 12 anos. En aquel lapso de tiempo la población habla aumentado desde 162 habitantes en 1944 kxnlffx a 12.601 en 1955. A prin¬ cipios de 1956 ya eran 15*331* linda cantidad* si pen¬ samos que sobre los ifcismos terrenos y doce anos atras sólo vivían 120 vacas…

En los primeros doce anos nacieron 801 ñiños. Pe ellos 392 varones y 409 nenas.—

la Guia de Habitantes conten.» ia también un articulo de fondo que trataba sobre el desarrollo de la Ciudad- Jardín durante el último ano, una enumeración de los hechos de mayor importancia* nombre de los habitantes por orden alfabético y los mismos nombres ordenados por calles, direcciones de médicos* enfermeros, parteras, etc.— Ho faltaban las direcciones para casos urgentes por ejemplo policía, bomberos, hospitales, etc., comuni¬ caciones para llegar a la Ciudad»Jardín, los habitantes ordenados por profesión y ramo comercial, una lista de las firmas que trabajaban en la construcción áe la Oiuét dad—Jardín. Finalmente se encontraba un plano detalla¬ do de la Ciudad-Jardín.—

i *

El sosto de esta Gula de Habitantes era muy elevado. Sin embargo la entregábamos casi gratis. Apareció hasta el ano 1955 inclusive. Entonces creimos que la Asocia¬ ción AFA1P, como representante de los intereses populares estarla en condiciones y tendría voluntad de editar la Guia por su cuenta. Pero nos equivocamos. Los sucesi¬ vos presidentes y directores de AFALP estuvieron dema¬ siado ocupados en otros asuntos, por ejemplo» pelear contra el grupo F.I.N.C.A. y exigir lo imposible. Enton¬ ces no sobró tiempo para obra provechosa y productiva. Pero si pelear era mucho más fácil y más cómodo!

El ano 1944 ■

Durante el ano 1944 edificamos 36 casas que alberga¬ ban 162 habitantes*—

Además tuvimos policía. Comenzó a funcionar la luz de CADE y llegó al mundo la primer ciudadana nativa de la C iudad—Jardín.—

Edificamos a lo largo de las calles de la primera sec¬ ción e inauguramos la nueva torre de agua de hormigón armado.—

A partir de aquel ano editamos una Guia de Habitan¬ tes y se firmó el centesimo Boleto de Compra—Venta.—

No debe olvidarse que en 1944 logramos entablar bue—ñas relaciones con la Inspección General de Justicia.—

5- CAPITULO

1945

Asociación de Fomento amigos de la Ciudad-Jardín (AFAIP)

El 12 de Enero de 1945 y por iniciativa del Br. Brie— ger se fundó la Asociación AFA1P en la Plaza de los Aviadores. Lleno de entusiasmo me hice socio. La Aso¬ ciación tendría como fin el fomento de codas las ( mejoras en la Ciudad—Jardín y además ocuparse de sus intereses culturales.—

Si en aquel tiempo el bueno de Briegar y yo hubié¬ ramos sospechado cuántos disgustos Ibamos a tener en les anos siguientes con todos y cada uno de los miembros directores de AFAl$ t entonces nos hubiéramos mantenido a buena distancia.—

Bajo el primer presidente Don Pedro Keggio* todo marchó más o menos todavía. Los señores de AFALP toda¬ vía eran de opinión que únicamente en buenas relaciones con F# I.JS.C.A* podrían ¿Lograr algo provechoso para su Club. Más tarde cambió radicalmente í AFALP veía como su deber más importante atacar a F.I.If.C.A* con exigen¬ cias cada vez mayores. Por fin me cansé y rompimos las relaciones con aquella gente. Más tsrde volveremos so¬ bre el asunto•-

10— cumpleaños de F.I.N.C.A.

SI 3 do Febrero de 1945 F.I.N.C.A. festejaba so décimo cumpleaños. En horas de la sanana se efectué un homenaje frente a la tumba del fallecido primer presi¬ dente de F.I.N.C.A., Br. Germán v/ernicke. Algunos dias mis tarda festejamos el acontecimiento en el Jouaten Hotel con una cena en la que participaron todos los colaboradores y amigos. 11 verdadero espíritu de F.I.H.— J.A.* ceno lo .llamábamos salió a relucir en tal oportu¬ nidad. El tema era Ciudad—Jardín lomas del Palomar- A Su alrededor giraba todo. Por ejemplo podio, ser que una conversación comenzara con la inmortalidad de las ma¬ riposas… pero indefectiblemente terminaba en la Ciudad- Jardín. Y así estaban todos con alma y corazón eá el asunto. Y así se pudo construir la Ciudad—Jardín.—

Escasez de cemento.- Construcción de calles.-

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En aquello, época tenia mi3 buenos disgustos a diario por la creciente escasez de cemento, llegó a tal pun¬ to que efectivamente debíamos rogar por cada veinte bolsas. Este tambi e.n fue el motivo por ed cual no pu¬ dimos pensar en hacer calles deza cemente en la parte «■vieja». Para ello hubieran áido necesarias varios mi¬ lco de bolsas de comento. Y nos alegrábamos si conse¬ guíamos algunos cientos^, pudiéndo entonces seguir con las casas en construcción.—

I.as circunstancia do no haber podido hacer calles de cemento llegó más tarde a acarrearnos grandes dificulta¬ des- Las callea de mejorado, que estuvimos obligados a hacer, no resistiéron al tráfico que aumentaba día a día, frutábamos de remediar su triste estado por medio de continuas reparaciones. Más tarde los habitantes vie¬ ron el cuidado de las calles por F.I.N.C.A. como obliga¬ torio. Hasta que los hice cambiar do idea y las calles quedaron libradas a su destino. Pasaron pocos anos y el aspectá fue espantoso… Hasta que los señores ha¬ bitantes se convencieron que con F.I.N.C.A. no habla na_ da que hacer y se unieron para reconstruir las calles de mej erado por s4 propia cuenta, las calles de la parte Norte de la Ciudad-Jardin, es decir desde Boulevard F.I.N.C.A* en dirección Norte como también las de Lodelpa, fueron hechas desde un principio de cemento. Aqu! no existió el citado problema.—

Si hablo de la escasea de cemento no puedo dejar de

mencionar a mi amigo Manuel Hidalgo, gerente de

las »Canteras El Sauce», quien me ayudó más de una vez con algunos cientos de bolsas, cuando la situación era desesperante.—

Pozos hundidos.-

Severas preocupaciones me causaron los frecuentes hundimientos de pozos durante el ano 1945» Como en aque¬ lla época no disponíamos de cloaca central, habla que dotar a cada vina de las casas de un pozo negro. Ya asi supimos que a través de nuestros terrenos en dirección Norte-Sur se extendía una franja de tierra en muy malas condiciones. Sus inexplicables movimientos oiflginaban rajaduras en las paredes de las xx casas, amén de los ya mencionados hundimientos de posos» Desesperados bus— cátanos la causa pues el peligro era enorme» Como úni¬ ca explicación quedó el ya citado mal estado del suelo que se extendía en un ancho de más o menos cien metros a través de la ciudad—Jardín. Casi exclusivamente en aquella franja de tierra era donde se producían los huit» diraienmos y las rajaduras en las paredes» Hicimos los pozos de cemento* lo que no es corriente» Además tomamos medidas de seguridad especiales en la zona de peligro. Paulatinamente el número de los citados accidentes dis— rainuyó hasta anularse por completo.—

Hoy en día el problema está solucionado gracias a la cloaca central y como no quedan más que muy pocos pozos negros en la Ciudad»Jardín» tampoco habrá más hun¬ dimientos.—

Intervenci’on de las Sociedades del Eje.—

El 2 de Abril de 1945 sufrimos un nuevo golpe. La Argentina se encontraba desde hacia poco tiempo en es¬ tado de guerra con Alemania. En aquella fecha se oficia¬ lizó que la3 cuentas corrientes bancarias de varias Socie¬ dades, señaladas como Sociedades dal Eje habían sido em¬ bargadas. Entre ellas figuraba también la que nos era muy cercana Fuhrmann Soc. Anón», cuyo presidente era Don Gustavo Herten. Preocupado seguí atentamente el desarrollo posterior y cuando el 21 de Julio de 1945 también fueron embargadas las compañías de Seguros alemanas y los hsxx Bancos, me persiguió la obsesión que a F.I.N.C.A* le sucedería lo mismo.—

Terrible aquella tensión nerviosa. Aunque trataba de convencerme que en F.I.H.C.A* no habla motivo. Pero, acso existia en las otras sociedades?

Muchas de las firmas intervenidas que yo conocía eran establecimientos puramente argentinos, con per¬ sonal argentino y algunos señores alemanes en el di¬ rectorio* En F.I.H.C.A* no era diferente. Pero qué no podía esperarse en aquella época desquiciada de autori¬ dades igualmente fuera de quicio?

Becordaba cuando anos atrás habla prestado juramento como argentino»recién hecho»,—

El juez federal nos aseguró que a partir de aquel momento no s&lo compartíamos los deberes, sino todos los derechos con los argentinos nativos. No existia la msnor diferencia. Qué habla sido de aquellad prome¬ sas? Muchos de nosotros eran tratados como apestados. Durante algunos días pareció que ios argentinos natura¬ lizados también tendrían que presentarse semanalmente en la policía,—

Aquel era el deber de los ciudadanos alemanes.-

Cuan superflua y denigrante humillación de gente que en parte hacia varias décadas que trabajaba honradamen¬ te en la Argentina!I1

Conozco el caso de un viejo empleado de F.I.N.C.A., Don Germán Bobzin. Contaba más de 70 anos, estaba casa¬ do con una uruguaya y era padre de tres hijos varones y una hija nacidos en la Argentina. Este caballero, que vivía Ininterrumpidamente desde 1895 en la Argentina, debía presentarse como extranjero cada semana en la comisaria de su localidad* La locura estaba en auge**

Yo me habla propuesto que, si como argentino na* turalizado se me pbllgaba a tal humillación, romperla mi carta de ciudadanía. La arrojarla a los pi6s del primer funcionarlo público que se me cruzara por el camino, sin pensar en las consecuencias, Era mi firmí¬ sima resolución. Felizmente no tuve necesidad de cum¬ plirla.*

La orden con respecto a los argentinos naturaliza¬ dos fue levantada y también el peligro de embargo pa¬ só de largo por F.I.lí.C.A. Pero fueron semanas y meses de gran tensión, nerviosa* De un día para otro no po¬ dían ser calculadas las dimensiones de los nuevos dis¬ parateas que emanarían de aquellas autoridades perse¬ guidoras de alemanes.*

Mueva oficina en la calle Olmos.*

El 19 de Junio de 1945 se trasladó el reato de CAUC- CAHTO, es decir la Contaduría de San Martin 929 a Pa¬ lomar a la nueva oficina en la calle Olmos.— La sección técnica ya se habla trasladado anteriormente. De esta m a n e ra se posibilitó un trabajo más claro y concentra¬ do dentro de la misma Ciudad—Jardín. En aquella época yo tenia una casita en la calle Geranios y asi podía de¬ dicarme durante la manana exclusivamente a los proble¬ mas de la ciudad—Jardín. La tarde la pasaba dedicado a mi trabajo en F.I.N.C.A. en San Martin 501.

oficinas en Palomar necesitaron ser am¬

pliadas y representan hoy un arrogante edificio. En él trabajan COA,(la Cía. do Servicios P&blicos) y L0DE1PA, la constructora do Palomar Oeste.—

Con fines de propaganda y con motivo del traslado, queríamos filmar una película en la Ciudad—Jardín, en la que mostraríamos administración, dirección técni¬ ca y obra. Señalando la Lista Negra EMELCO se negó a aceptar el peligro. Paciencia, también tenia que fun¬ cionar asi. Y funcionó»-

Servicios Públicos.-

El 3 de Julio de 1944 tuve una prolongada conferen¬ cia con el arquitecto Juan Behrendt, Dr. Brieger y Pudi Zimmermann sobre la xgnsxxxzlH absoluta indiferen¬ cia de la Municipalidad con respecto a la Ciudad-Jar din. Las calles no eran alumbradas, no se las limpiaba, no se recogía la basura, a la policía nunca se la vela. En una palabra, no existíamos para ellos. Resol¬ vimos que en adelante 3 ería gxwatBxatH COA la encargada de los Servicios Públicos, la que lo hizo en forma ejemplar durante largo tiempo. De cualquier manera, mucho mejor que m’as tarde la Municipalidad, cuando se acordó de nosotros,-

Con nuestro Diesel dimos lúa a las Calles. Un cairo de F. I.íí.C.A. recogía la basura. Hacíamos limpiar las calles y durante la» noche serenos nuestros vigilaban la zona, sin armas pero armados de un reglo garrote y … con los ojos bién abiertos,—

Muchacha para todo trabajo,, .

i » *

Coa todo derecho puedo afirmar que en aquel tiem¬ po, siendo el jefe de todo, era a los ojos de todos rt muohacha para todo trabajo». Hacia de alcalde, jefe de policía y me faltaban sólo las facultades para ello* Pero hasta en aquel aspecto los habitantes creían po¬ der contar conmigo, A tal respecto quiero contar un suceso cómicot

Cierta manana suena el timbre de mi casa. En el um¬ bral se encuentra un habitante de la calle Aromos, Sr. V., un minúsculo hombrecito, Del mismo sabia que era dueño de una enorme mujer, cuyo peso doblaba fácilmen¬ te el suyo. Sus vecinos eran un matrimonio austríaco, cuya parte femenina era una verdadera conventillera.

Por cualquier insignifleanala las comadres se lanza¬ ban al mutuo ataque, a lo que el vecindario ya esta—

I

ba acostumbrado» Pero aquella manana habla sido terri¬ ble. El motivo fue que Pona 7. barrió la basura de su vereda sobre la áe la vienesa, quien se lanzó ix a la lucha con la escoba en alto para domar a su vecina.

Su pequeño marido naturalmente acudió a ayudarle. Y allí se desarrolló el siguiente diálogo*

Conventillera N— 1

(vienesa) * «Ah, ahi llega el hombrecito y

quiere meterse! Qué quiere? Quie¬ re que la t I

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re que la tía le dé una paliza?

Conv e ntillera N° 2

(3ra. de V.) *(fuera de al)»üd.* infame!, mi ma¬

rido ya le va a cantar laa cuarenta!m

Va 8 VBj 4 1 lid* • « «| 0d* • * | Ud* * * • ^

, *>

Conventillera N° 1

(vienesa) : «Cállese* cállese* únicamente Ud.

tiene la culpa si el hombrecito se va debilitando de a poco. Tiene que dejarlo dormir de noche* de vez en cuando. Es demasiado lo que le exi¬ ge al muchachito… No vé que casi ni puede tenerse en pié? Ud. es de¬ masiado para tal maridito. Su matri¬ monio fue un error».—

Y aquello fue el colmo para la Sra. de V.— Tremen¬ do insulto le hizo perder el último control. Y las a-

caloradas «damas’* se lanzaron con la escoba en alto una sobre la otra. Los vecinos sonreían ante el gratui¬ to espectáculo. Y el insultado marido corrió a recurrir mi intervención. «Pero si yo no soy juez. Qué quiere que haga?» Y a V. le preocupaba menos la femenina ba¬ talla que la ofensa a su masculino honor. Que él era demasiado chicos para una mujer tan grande* que no puede tenerse en pié, no, no* aquello era demasiado.•• lije lavé las manos del asunto y llamé a mi vecino Budl Zimmermann a quien envié como juez al campo de batalla. Su vienesa tranquilidad logró restablecer pronto la paz. ¿Sás tarde me contó i «Le di la razón a las dos y quedaron conformes».—

 

El mástil de la bandera, —

A principios de Julio de 1945 vino Pedro Regglo con la idea de erigir un mástil para la ‘bandera en la Plaza de los Aviadores, lo que naturalmente contó con nuestra entusiasmada aprobación. Enseguida pusi¬ mos manos a la obra* el material lo,poi»la F.I.N.C.At, el arquitecto Behrendt se encargaba personalmente del trabajo de albanileria* Los señores Reggio Anorga y yo oficiábamos de ayudantes. El mástil fue donado por Pon Gustavo Harten, y el 8 de Julio de 1945 tuvo lugar la solemne inauguración en la víspera de la fiesta patria.—

Fue un domingo. El frió helaba hasta los huesos, y desde mUy temprano comenzaron a llegar los alumnos de las escuelas de Palomar «del otro lado». La Banda de la Aeronáutica estuvo presente y su comandante, coro—nel Carvia oficiaba de padrino junto con la primera com¬ pradora en la Ciudad—Jardín. El coronel mantuvo un entusiasmado discurso en el que expresó el agradeci¬ miento de la Aeronáutica a F.I.IT.C.A. Dijo i » Todos ustedes saben que nosotros los aviadores queremos a este Palomar, y si los alrededores, embellecidos por la hermosa edificación de F.I.N.C.A., lo queremos mucho más» Y agradecemos a F.I.H.C.A. por sU obra.» Tuvo lu¬ gar una solemne misa de campana. Y cuando por fin nues¬ tra bandera flameó sobre el alto mástil en el gélido viento mañanero… Entonces todos estaban felices y contentos… y especialmente los muchachos de F.I.N.C.A.

A continuación tuvo lugar el obligatorio asado y — por el frió — se consumieron considerables cantida¬ des de vino tinto y bebidas fuertes* A la noche toda¬ vía hubo una fiestita para un núcleo reducido en mi casa. Verdaderamente habíamos vivido un gran dia, enfin un día como pocos.—

la cuestión del teléfono*—

Y nuestra joven ciudad crecía y crecía* Llegaban nuevos habitantes, nacían ñiños. Pero… para las au¬ toridades no asistíamos. Durante ^eses ya hablamos su¬ plicado que nos instalarían por lo menos un teléfono en la Ciudad—Jardín. Fue todo en vano.—

Las comunicaciones telefónicas con F.I.K.C.A. en Buenos Aires se desarrollaban de la siguiente manera* las indicaciones que deb’ian ser transmitidas eran acumuladas. De acuerdo a lo convenido los arquitectos llamaban desde Palomar a las 10 y a las 16 horas. ‘En¬ tonce a tratábamos lo que debía ser tratado. Nuestros arquitectos podían elegir entre ir a pié a una esta¬ ción de servicio distante a un kilómetro 1/2, o diri¬ girse a una pulpería más cercana, es decir 1 km. Aun¬ que la pulpería estuviera más cerca, era de aconsejar ir a la estación de servicio pues de allí se podía hablar más o menos tranquilamente. Mientras que en la pulpería las retumbantes conversaciones de los gauchos entre copa y copa, hacia ininteligible cualquier con¬ versación.—

Serio se ponía el asunto naturalmente si habla que llevar a cabo una comunicación urgente* Entonces F.I.N.- C.A* llamaba a la casa particular de Neto» cuya mujer o hija se hacían al camino de 2 km. a la búsqueda del señor requerido. Aquel volvía los 2 km, llamaba a F.I.E.C.A. y se enteraba de lo que pasaba. Rápido y práctico^ verdad?

En relación con las autoridades llevábamos una vida como en la selva virgen. Pedíamos, protestábamos, re¬ clamábamos, nos enojábamos, dirigíamos solicitudes a la Compañía de £ Teléfonos, hacíamos notar el peligro en caso de accidente, enfermedad o Incendio* El resul¬ tado fue nulo: «No podemos, lío tenemos material. Np tenemos línea

Y todo hasta que un funcionario de la Compañía de Teléfonos compró una casa en la primera sección* El hombre todavía no se mudó. Observando una manana la terminación de la casa, veo que ahí cerca se levanta un poste de teléfono y pregímto a uno de los italianos: H Qué está haciendo acá?» «Talfefono pa’ esta casa» Me quedé con la boca abierta. Lo que no había logrado la urgencia de la creciente Ciudad-Jardín, lo habla al¬ canzado la influencia de un insignificante funcionario. De repente fue posible. De repente había material. Y también había linea.—

Se me subió la mostaza. apareció un señor Biondi, quien trajo la noticia que dentro de poco tiempo tendríamos teléfono® Casi en¬ loquecí de alegría, lio podia creerlo. Pero efectivamen¬ te unas semanas más tarde fue instalado un teléfono pu¬ blico en la Avenida Capitán Rosales» hoy Boulevard Ge¬ neral San Martin. Ahora por lo meno3 podía llamarse desde la Ciudad-Jardín, aunque a veces habla que es¬ perar turno. A la Ciudad—Jardín no podía llamarse» naturalmente. Aquello todavía tardaría anos*—

Hoy todavía, cuando quien quiere teléfono lo con¬ sigue más tarde o más temprano» no puedo dejar de ex¬ presar mi indignación sobre el orresponsable comporta¬ miento de la Compañía de feléfonos. Para un funcionari- to enseguida hubo teléfono particular, nuestra ciudad con sus ya 500 habitantes podia esperar.—

F.l.K.C.A. se convierte en única propie¬ taria de los terrenos.—

El 5 de Octubre de 1945 puede ser considerado como un gran dia para F.I.N.C.A* y más tarde para la Ciudad Jardín. Em aquel día aparecieron los señoree Herten, Lische y Lundborg-Fickenscher y me ofrecieron todos ios terrenos a la venta* Aparentemente Herten se habla cansado de las continuas discusiones entre Fickenscher y yo y quería retirarse del negocio, áie costó un gran esfuerzo no pegar un salto de júbilo por la noticia. Suponía, no sin razón, que si mis demostraciones eran demasiado expansivas, el aumento de precio seria pro— porcional. Si 17 de Octubre de 1945 fue firmado el contra to por el señor Herten en Córdoba y el 19 de Octubre de 1945 por mi en Buenos Aires. Herten, que estaba de paeeo en Córdoba, me escribió una cariñosa carta fe¬ licitándome. Decía alegrarse por haberme dado cancha libre, mencionando Simultáneamente la exitosa inter¬ vención de nuestro eomítn amigo Enrique Schwarzhaupt quien colaboró muoho en oí cierre del contrato.—

Fue si en el dia de la firma por mi parte, cuando mi enemigo y adversario profesional Axel Lundborg se presentó como ‘“’erbert Fickenscher. Debo confesar que hasta entonces verdaderamente no habla descubierto el menos indicio del cambio de nombre* Bueno, por mi par¬ te podría haberse llamado Pérez. Total, desde aquel momento ya no mantendríamos más relaciones. JF asi de¬ bía ser. Pues si él y yo hubiéramos seguido trabajando juntos, la ciudad-Jardín seguramente nunca hubiera si¬ do construida.—

Y nosotros eramos los Cínicos propietarios de los terrenos!! Con excepción de la llamada cuarta fracción, que se extendía aproximadamente desde la parte Sur de la Plaza Almirante Píate, en dirección ¡Sorte hasta ¡«artín coronado. Más fácil si citamos los nombres ac¬ tuales de las calles. La cuarta fracción la contituye la superficie entre* Conde Zeppelin, Aviador Matienzo^: Plilschow y Lorenz-.ni. Este terreno no lo vendió Herten. Sin embargo recibimos una opción sin haber fijado pre¬ cio, de la cual, hicimos uso en el ano 1949. Después de dificultosos tr’ amites en los que no faltó la Ínter— vención d structora de jp ickenocher, llegó también aquel terreno a nuestra posesión.-

Se puede uno imaginar,con qué entusiasmo me volqu’e en aquel tiempo sobre el gran deber… Ahora demostra¬ ría de lo que eran Capaces loo michaohos de F.I.N.C.A., si los dejaban tranquilos* y creo que lo hemos demos¬ trado con el correr de los sno-s subsiguientes* Ho se si en aquel momento Harten tuvo otros motivos para librar se del negocio con la venta de los terrenos. Sea como sea, con su decisión me ofreció la posibilidad de llevar adelante el asunto a mi manera. 3 n mi recuerdo repito a Herten mi más cálido agradecimiento por aque¬ lla su decisión,—

 

Planta ; Industrial – Juan Bleyberg.-

 

£1 gobierno impulsaba la construcción y la escasez de materiales aumentaba continuamente, la decisión fue rápida. Después de poco pensarlo» decidimos ayudamos solos. Al urbanisar el terreno debían ser niveladas las callea y a menudo también los lotes. De ello resultaba un enorme sobrante de tierra. Por qué no habríamos de utilizarla para fabricar ladrillos? Dicho y hecho. El 5 de Noviembre de 1945 comenzó a fabricarlos un contra¬ tista y el 10 de Diciembre de 1945 teníamos los primeros ladrillos de nuestra propia fabricación.—

 

Paitaban te;}as. Comprobamos que la tierra de Palomar era especialmente indicada para la fabricación de tejas. Se construyé el horno correspondiente y después de varios ensayos frustados la fabricación entró a funcionar mag¬ níficamente para nuestra gaan satisfacción. Nada menos que seis contratistas hablan pasado por la prueba, se llamaban* Masferrer, Tassart, Sánchez» Catarain, Balaguer y Parisi. Este último fue quien logró poner a nuestra disposición tejas «usablesPara darle nombre a nuestra propia fabricación, llamamos a las tejas con las silabas iniciales de sus mayormente fracasados creadores* ÜA.TASACA3APA. Esta denominación se grabó en todas las te¬ jas y adorna hoy en día los techos de numerosas casas.

 

Pronto se instaló la Carpintería, dirigida por los señores Wagner y socios. Allegra e hijo trabajaban en

 

la fábrica de mosaicos. También contábamos con un taller mecánico que nos proporcionaba las vigas de madera para los techos» Lo dirigía ífrancisco Steingruber. Y varias otras int elaciones más.—

 

Jefe de esta llamada Planta Industrial era Don Juan Bleyberg, del que ya escribí anteriormente. Siempre se lo vela lleno de nuevas ideas, cuya ejecución cancelaba inmediatamente al presentarse la primera dificultad. Don Juan no era enemigo de una buena copa. Y lo siguió sien¬ do hasta su temprana desaparición en el ano 1957*

 

A continuación va uno de los más simpáticos recuerdos que guardo de Don Juan. Se trata de una pelea acaecida entre nuestro héroe con un pintor contratista en el «Bar Domeyer», como llamábamos aquel establecimiento de Rudi Zimmermann en la Plaza de 103 Aviadores.— Este con¬ tratista, de nombre Martínez, habla tomado algunas copas más de las necesarias. De Don Juan tampoco podía decirse que estuviera en ayunas — el frío reinante lo habla obligado a ingerir algunas canitas… En tal estado se encontraban, cuando entraron a discutir por alguna baga¬ tela. La explosiva sucesión de insultos me fue transmi¬ tida por mi hija Mati, quien contaba en aquel tiempo 8 anos. Llegó hasta mi jadeante y en su cómico alemán dijo: Papi, papi, en el Domeyer hay un hombre que quiere matar al señor BleybergJ1!I»Pero», contesto yo, “cómo se te ocurre tal cosa?*» «Si», continúa Mati «el hombre le dice siempre al señor Bleyberg* te voy a machucar!, te voy a perforar!, te voy a desinflar! cara de sapo!!!» Esto lo repetía Mati en una forma tan cómica y monótona, hasta

 

casi podría decirse comercial, que ha sido motivo de risa durante varios anos. Para»salvarle la vida» a Bleyberg  corrí a lo de Domeyer. Pero ya hablan hecho las paces*

 

Con sendas copas de cana en la mano y frente al bar, brindaban a la salud de ambos.»Pero, qué

pasó?», les pregunté. La sonriente respuesta de Bleyberg fue: «Ni escuché lo que me dijo Martines. Total, a ese viejo no necesito más que mirarlo con fuerza y ya no cuenta más el cuento». Felizmente hablan hecho las paces.—

 

Mati .-

 

Recién nombré a mi querida hija mayor Mati. Imposible continuar sin decir algo más sobre la misma. Muy a me¬ nudo me acompañaba en mis recorridas de inspección por las obras. Asi solíamos pasar delante del monumento a Fickenscher-Odriozola en la calle Geranios. El mismo es¬ taba en construcción. Meditabunda contemplaba Mati la surgiente obra de arte. Le repente exclamó: «Ah, esto es alemán! Ayer me rompí la cabeza pensando qué idioma seria! En ese momento me di cuenta que el obrero colocaba la palabra «fata». Antes de que siguiera cualquier explica¬ ción tuve que reir, reir de corazón. La criatura habla tomado la palabra latina «fata» por la alemana «Yater».

 

En la víspera, leyendo y releyendo «ducunt volentem» no habla llegado a ninguna conclusión. Ahora estaba todo acia-

 

i

 

rado. Para disculparla debo hacer notar que en aquella época de guerra no se podia concurrir a ninguna escuela alemana. Y el alemán que hablaba era puramente de oído.

 

Lógicamente escribir no sabia ni una palabra. Suerte que Mati tenia sentido de humor y no se sintió nada o—

 

Fendida Tampoco la afectó mayormente cuando en clase la hicie¬ ron parar en el rincón por haber charlado demasiado* Me 1c contó al mismo día. Al preguntarle yo si aquello no le habia dado vergüenza, me acarició el hombro en forma tranquilizadora dictándomei «No, de ninguna manera, no te preocupes por ello, papi».-

 

3n aquella época Mati era seguramente la criatura más popular de la Ciudad—Jardín. Todos la conocían y todos la querían* Tenia un talento innato para la equitación. 3ra un cuadro conocido por todos el verla cruzar al paso, trote o generalmente a galope, el campo en todas las direcciones.—

 

nuestras excursiones a caballo eran casi diarias. So¬ líamos pasar frente a un caballo muerto. Con ojos asom¬ brados contemplaba Mati el proceso de descomposición del animal. Traté de darle

tina explicación, diciendo i “Cuando nos moriremos nosotros, también nos va a pasar lo mismo», lia ti se sumió en profunda meditación, luego levantó la vista y señalándome con el Indice, me amenazó* «Papi, cuando vos te mueras, entonces me muero yo también, Podés estar bien seguro.» Con gran esfuerzo logré hacerla cambiar de pensamiento» Si, así era Mati. Hoy en día es la feliz esposa de 3 U Oscar, vive en la Avenida Wernicke y pienso que no se decididla a morir tan rápido si a mi me sucediera* Sobre Mati podría seguir escribiendo hojas y más hojas* Pero esto se convertirla en un libro sobre Mati. Y quiero escribir sobre nuestra Ciudad-Jardín*-

 

yo

131 ano 1945*

 

A fines de 1945 habla 50 casas en Palomar* Albergaban 216 personas.-

 

En el mes de ‘aero se fundó el AFALP y el 8 de Pobre¬ ro festejamos el lc£ cumpleaños de F.I.N.C.A.-

 

Numerosos posos hundidos me causaron enormes preocu¬ paciones. Hasta que por fin conseguimos tomar medidas preventivas contra aquellos accidentes.-

 

la intervención de las firmas del eje por el gobierno, nos llevó a la situación de esperar y temer diaria¬ mente tal golpe contra F.X.N.C.A.-

 

El traslado a la nueva oficina en la calle Olmos fue

 

también en el ano 1945* Los Servicios Públicos en la

 

De

 

Ciudad-Jardín se ocupaba COA. y el 8 de Julio inaugura¬ mos solemnemente el másjdt mástil de la bandera en la Plaza de los Aviadores. Además en aquel ano fuimos due¬ ños del primer teléfono público* El 5 de Noviembre em¬ pezarnos a fabricar nuestras primeras ±m$xm. Allí co¬ lodrillos

 

mena6 la vida de la Planta Industrial,—

 

Pero el suceso más importante del ano fue la compra de los terrenos de la Ciudad-Jardín por F.J.K.C.A., quien fue desde aquel momento su única dueña.-

6- CAPITULO

 

1946

 

Manuel Pereiro

 

El 1 de Enero de 1946 falleció nuestro 3©fe de ven¬ tas Manuel Pereiro. De su empeño y de sus aventuras ya hemos conversado anteriormente* En la tarde del 31 to¬ davía me deseó,dueño de excelente humor, un muy feliz ewio nuevo. Y durante la noche fue víctima de un infar¬ to al corazón.-

 

fue una graicqfflfer&i irreparable pérdida para F.I.N

 

QaA. Pon Manuel ocupaba su puesto con pasión. Era el vendedor nato, que no vacilaba en dar todas las vuel¬ tas necesarias alrededor de algún negocio para llegar a su conclusión… Pero finalmente todo estaba bién.

 

…Y el optimismo de Pon ¡víanuel había tenido razón*— Recuerdo perfectamente el día del entierro. Volvi¬ mos a P.I.lí.C.A. y mi querido amigo Enrique Plata me tomó del brazo y me dijo: » Escúchame bién. Sebes saber que correrás la misma suerte del pobre Pereiro y si no acabas de una ves de hacerte continuamente qiala sangre.» Sin duda la advertencia era fruto de buenísimas inten¬ ciones. Pero… cómo vamos a construir una Ciudad— J ardln sin hacera03 mala sangre? lío hubo més remedio.—

 

2a. Sección.— vard Gral. San Martin, los Plátanos y Colegio Militar.—

 

En esta sección vimos por primera vez que el buen gusto de nuestros arquitectos Juan Behrendt y Oscar ívlongsfeld habla llegado a imponerse, las obras maestras de Federico Behrendt, aquellas «sencillas pero de mal gusto» que hablan triunfado en la primera sección desa¬ parecieron definitivamente. Gracias a Dios.—

 

Sobre el terreno de la 2a. Sección también se edifi¬ có posteriormente la primera escuela de la Ciudad—Jardín (H— 51). Mientras que duraba la construcción se habla instalado provisoriamente en una casa en la calle Cole¬ gio Militar, luego se trasladó definitivamente a su nue¬ vo edificio. La urgente necesidad de una escuela surgió bien pronto, pués la cantidad de ñiños en las casas ya habitadas era enorme. Para tal fin tuvimos varias audien¬ cias con el ministro en la Plata. Además una de los señores Píate y Eeggio con el Gobernador Mercante el 31 de Octubre de 1946. Pero no conseguimos nada. Decidí hacer construir la escuela por nuestra propia cuenta y ofrecerla luego al gobierno para la compra. Tal actua¬ ción me valió el apodo de Don Quijote entre la población* Verdaderamente era una gran audacia y una inversión mi¬ li onaria. pero que con ello tuve éxito, lo veremos más adelante.—

 

Comienza la inflación.»

 

El ano 1946 fue un ano de la escasez de materiales.

 

Una vez faltaba arena, otra vez cemento. Una vez falta- ba una oosa» luego tal otra. Todo estaba en un conti¬ nuo aumento de precio… Y los precios aumentaban da a cifras astronómicas… pensábamos. Qué hubiéramos dicho de haber sabido lo que bajo ese aspecto nos esperaba en los anos siguientes? El 25% y más aún alimentaban a ve¬ ces las mercaderías de un día para otro. Y la explica¬ ción general eran los importes que debían ser pagados para la jubilación. Y lo peor era que mayormente los se¬ ñores ni sonaban con pagar aquella jubilación. Sólo los

 

precios aumentaban día a día

 

Y dia a día disminuía el rendimiento de trabajo»— La terrible inflación comenzó en el ano 1946,

 

Huelgas

 

Las huelgas ya estaban de moda.

nicámente a Amandita cuando no vendría a cenar. Y en Palomar no habla teléfono. Por lo tanto Enrique no po¬ día llamarle cuando asuntos de negocios o sociales le impedirían llegar a la hora acostumbrada. Be tales au¬ sencias eran hechas responsables toda clase de perso¬ nas! altos funcionarios estatalesar y bancarlos, gene¬ ralmente lo era el Secretario de Obras Póblicas… Ko pocas veces era yo quien lo mantenía ocupado con asun¬ tos de trabajo hasta altas horas de la noche… Y Amandita consideraba a menudo que era yo quien lo llevaba por mal camino… y generalmente a tales horas yo ya estaba hacia rato en casa y en la camita. Entonces A— mandlta tenia motivo de duda sobre la verdadera causa de las nocturnas salidas… Lógicamente siempre sin fun¬ damento. Enrique le era fiel hasta la muerte… Asi lo ^seguraba al menos.-

 

Contenta se puso Amandita cuando lo vió a su que¬ rido Enrique nombrado ministro de gobierno en Jujuy*

 

Por fin se alejaba del maldito Palomar. Palomar tenia la culpa de todo. Aho^a no tendría más excusas para inexplicables llegadas tarde. Solamente Enrique son¬ reía resignado y comprensivo: «las coyas en Jujuy ya lo consolarían…»

 

En este lugar quisiera mencionar especialmente la fidelidad y dedicación de Enrique Píate. En 25 anos de trabajo no fue para mi solamente un ireemplaaable cola¬ borador, sino me dió pruebas de ser un excelente amigo y compañero. Juntos luchamos y juntos hemos festejado varios triunfos. Y esperamos seguir asi en el futuro.Bifcrencias de opinión con referencia a los aguinaldos entre empleadores y empleados motivaban una huelga y a ella sucedían continuas huelgas de adhesión de otros gremios. Hay que haberlo vivido.-

 

Enrique Píate se muda a Palomar.-

 

El 15 de Marzo de 1946 Enrique Píate se mudó a Pa¬ lomar» a su casa en la calle Geranios. Su esposa no es¬ taba mayormente entusiasmada con el cambio. Píate tenia a menudo «relaciones solciales fuera de su oasa» y vivien¬ do en el centro, por lo menos podía comunicar telefó- nicámente a Amandita cuando no vendría a cenar. Y en Palomar no habla teléfono. Por lo tanto Enrique no po¬ día llamarle cuando asuntos de negocios o sociales le impedirían llegar a la hora acostumbrada. Be tales au¬ sencias eran hechas responsables toda clase de perso¬ nas! altos funcionarios estatalesar y bancarlos, gene¬ ralmente lo era el Secretario de Obras Póblicas… Ko pocas veces era yo quien lo mantenía ocupado con asun¬ tos de trabajo hasta altas horas de la noche… Y Amandita consideraba a menudo que era yo quien lo llevaba por mal camino… y generalmente a tales horas yo ya estaba hacia rato en casa y en la camita. Entonces A— mandlta tenia motivo de duda sobre la verdadera causa de las nocturnas salidas… Lógicamente siempre sin fun¬ damento. Enrique le era fiel hasta la muerte… Asi lo ^seguraba al menos.-

 

Contenta se puso Amandita cuando lo vió a su que¬ rido Enrique nombrado ministro de gobierno en Jujuy*

 

Por fin se alejaba del maldito Palomar. Palomar tenia la culpa de todo. Aho^a no tendría más excusas para inexplicables llegadas tarde. Solamente Enrique son¬ reía resignado y comprensivo: «las coyas en Jujuy ya lo consolarían…»

 

En este lugar quisiera mencionar especialmente la fidelidad y dedicación de Enrique Píate. En 25 anos de trabajo no fue para mi solamente un ireemplaaable cola¬ borador, sino me dió pruebas de ser un excelente amigo y compañero. Juntos luchamos y juntos hemos festejado varios triunfos. Y esperamos seguir asi en el futuro.—

 Enrique Morón.-

 

Debo recordar a obro compañero de aquel ano 1946, tan rico en acontecimientos. Sxx Se trata del ingenie¬ ro Enrique Morón. Como profesional en la materia se ocupaba de la construcción de calles en la primera sección. Y de acuerdo a su costumbre, inició los tra¬ bados ante todo con muchas palabras. En un principio solamente con muchas palabras. Una vez faltaba la alla¬ nadora, otra vez la niveladora. Siempre faltaba algo.

 

Y entonces faltaba nuevamente material y todos los dis¬ cursos de Don Enrique comenzaban cont » SX F.I.N.C.A.•..» y entonces sucedía una larga hilera de deseos «Y en¬ tonces todo irá bién? Para poner por fin todo

 

en claro, más tarde me permití hacer pintar un chiste sobre la chimenea del Bar «Takfi.». Se lo vé a Morón ro¬ deado de todos los jefes de F.I.N.C.A., dirigiéndoles un gran discurso sobre lo que debes 3 er hecho y cómo debe ser hecho para que él pueda cumplir con su traba¬ jo.- No creo que Don Enrique me haya tomado a mal mi ingenua broma, pues tenia sentido del humor y por otra parte el resultado fue que se pusiera con todo empeño al trabajo, y muy pronto la primera y la segunda sección tuvieren sus calles de mejorado.—

 

Cómicos solían ser los entredichos que teníamos Morón y yo los lunes a la man ana. Previendo lluvia yo habla hecho terminar durante su ausencia una calle a la que faltaba muy poco, queriendo evitar asi un mar de fango. Para Morón mi conducta era intolerable. Lo ha- cia poner fuera de si de rabia. Lo sacaba completamen¬ te de las casillas, y su furia hacia estirar su peque¬ ña estatura… No era posible que yo, asi nomás «mano militarla» me inmiscuyera en sus asuntos.— Y mi res¬ puesta era que 61 podría haber venido en la víspera.

 

No» eso si que nd* Para 61 el domingo era sagrado. Pe¬ ro el carino a la Ciudad-Jardín hacía que. pronto hicié¬ ramos las paces. Entonces Enrique me contaba el últi¬ mo chiste político… Y ya nos hablamos olvidado de todo.—

 

Comienza la venta de la 2a. Sección.-

 

SI 19 de Mayo de 1946 los avisos referentes a la venta en la 2. seccién figuraron por primera vez en los diarios.Y en aquel dia se produjo una verdadera expedición popular a Palomar… Los vendeitores no da¬ ban más de trabajo y cinco ventas en un dia no eran na¬ da raro en aquel tiempo. Y asi fue durante los meses de Mayo, Jimio, Julio y Agosto. En Septiembre la 3 ve¬ tas disminuyeron considerablemente y asi siguió aproxi¬ madamente hasta fin de ano. Asi fue siempre. Hasta el dia de hoy. Hay épocas en que las casas en cierto sen¬ tido le son arrancadas de las manos a wf uno. Y enton¬ ces viene una época en la que parece que todo interés por viviendas desaparecié por completo. Explicación convincente para tal fenémeno no la hallé hasta el dia de hoy.— 4*000 Aviadores en Palomar.—

 

El 3 de Julio de 1946 tuvo lugar un gran banquete de aviadores en el terreno situado al Norte de la torre de agua. Participaron cerca de 4.000 personas y la co¬ mida la proveyeron cocinas de campana.- la fiestq se desarrolló en un hermoso día de sol y la organizaba la Base Aérea Palomar en honor del ministro de Aero¬ náutica De la Colina, se mantuvieron muchos discursos.

 

Y se halagó mucho a la Ciudad-Jardín. Ninguno de los aviadores dejó de afirmar el hermoso aspecto que te¬ nia todo aquello desde arriba. Digno de ser visto fue el espectáculo protagonizado por los 4.000 comensales, haciendo maniobras en el aire con sus platos de cartfin.-

 

Todo se filmó. Y la película pasó por todos los gran-

 

esta

 

des cines de Buenos Aires, constituyéndose de acuella manera aquella fiesta en una importante propaganda*

 

… Y no nos costó nada.—

 

Negocios con las libretas de Ahorro de F.I.N.C.A.-

 

En aquel tiempo tutee que luchar mucho contra la ilealtad de aig ciertos vendedores, que aprovechaban la circunstancia de que nosotros aceptáramos las vie¬ jas libretas de ahorro de F.I.N.C.A. en pago parcial para las ventas en Palomar. Aprovechaban para hacer negocios incorrectos. Tal medida la hablamos tomado pa¬ ra ¿xxbckbkkx ayudar a viejos clientes de F.I.N.C.A. a conseguir de una vez por todas su casa, pero áfilamente a ellos y no a otros, Pero ciertos personajes que se creían especialmente vivos inducían a nuestros clien¬ tes a compras aparentes* que luego eran transferidas a terceros, completamente ajenos a F.I.N.C.A., con gran ganancia para ellos,— y asi a menudo una bien in¬ tencionada medida es utilizada para dañar, cuando aque¬ lla clase de gente que carece de escrúpulos, trata de mejorar a costa de ella su propia situación económica, ■Jal comportamiento me ocasionó muchísima mala sangre, y el 3 de Junio de 1946 llegué a hacer intervenir la Guardia de F,I.N.C»A. por una persona de confianza, mi mujer* para poder descubrir quiénes eran los des¬ leales vendedores. Cuando se dieron cuenta, aquellos imposibles negocios j)aw±a ipt-Hg!ggTEt|p«3»T 8CM * ja T flyi iy M fueron disminuyendo paulatinamente» Por lo menos no se hicie¬ ron en tal medida que me llamaron la atención,», o aquellos envenenados habían hallado otro método que

 

TOMtgwí axTBKKAta no los descubría.

 

fambién con los obreros tenia mis buenas preocupa¬ ciones. En aquel tiempo ocupábamos a varios cientos de italianos recién inmigrados, cuya experiencia general¬ mente era mayor en materia de armas que en materia de construcción, lio era nada raro, ya que muchos entre ellos llevaban trás de si ocho anos de guerra y única¬ mente 1 ó 2 en la construcción,boa capataces tenían sus buenas desavenencias con ellos,—

 

■parabién en 2 la Planta Industrial no marchaba todo

 

como debía, Nuestra intención habla sido la mejor al construir gratuitamente sus galpones a cada uno de los contratistas* los mismos los utilizaban a menudo pa¬ ra hacer negocios «particulares» lo que originaba un «te»^ atraso en la entrega de la mercadería a P.I.N.— O.A* también aquello fue motivo para muchos

 

de mis ataques de rabia ^característicosY siempre tenia que volver a intervenir para que el asunto no degenerara..—

 

Desgraciadamente no tenia más que a mi viejo amigo Sehrendt como ayuda. Sólo él las andaba detrás con la energía y severidad necesarias. Pero también Behrendt estaba demasiado ocupado para poder controlar a cada uno en particular y darse cuenta de todo. Y asi la decisión y la sanción final quedaba finalmente en mis propias manos. Y yo siempre fui tan zonzo de volver cada vez a hacerme mala sangre.—

 

3a. sección.-

 

El 2 de Septiembre de 1946 se comenzó a construir en la 3a, Sección en Palomar. Comprende el terreno en¬ tre I»03 Geranios, Avenida Tipas y Las Amapolas.—

 

Con jübilo pude contatar que i el aspecto de las casitas cada vez era más lindo. Mi entusiasmo crecía dia a dia. Ahora notarían que teníamos la intención de construir una linda Ciudad-Jardin, una hermosa Ciudad— Jardín. Las creaciones de frita BeIu?g^d^^f^ a Pg-ggg^g]^ paulatinamente entre las nuevas y se perdían entre ellas y la creciente vegetación.— Dentro de la tercera Sección está una de las calles más hermosas que teñe— moa en Palomar, la -venida Tipas. 3u maravillosa ar¬ boleda llama la atención de todos los visitantes de nuestra Ciudad-Jardín» –

 

Primer aocidonte de tránsito»- »

 

21 27 de Octubre de 1346 pasó el primer accidente de tránsito en la nueva Ciudad-**ardin. Un camión con¬ ducido por un suboficial del ejército se lanzó sobre una casa recién habitada en la calle Jacarandáes, El daño material fue considerable» Me ocupé para que el inconsciente suboficial, que naturalmente habla mane¬ jada a demasiada velocidad, recibiera el merecido cas¬ tigo. –

 

11 1 de Diciembre de 1346 cayó un avión de transpor¬ te sobre el terreno de lo que es hoy en dia LGEELPA, a la altura de la calle Aviador íJdet. Entre las vic¬ timas se contaron 5 muertos y trece heridos. Los mucha¬ chos de -J?.It.Ií.C*A* bajo la dirección de Juan Behrendt y del Lr, Brieger, como también del viejo habitante Carlos linter» se dedicaron de lleno a salvar lo que podía ser salvado. Fue una suerte que el piloto habla logrado alcanzar a llevar su máquina sobre terreno to¬ davía no edificado. En caso contrario las consecuen¬

 

cias habrían sido tremendas.—

 

Pon Carlos V/Inter es uno de los primeros habitantes de la ciudad-Jardín. Fabricante de zapatos y comercian^ te de éxito. Pero su éxito con el aprendizaje del idio¬ ma castellano fue nulo, al igual que el de su querido amigo Fuá i 2immermanxi. Si ffinter quiere contar algo en forma anímala, comienza generalmente explicando a si interlocutor: «Y entonces le dije, vea, mire*…» Esta es una auténtica composición winteriana de palairas • Para nosotros, imposible* En el curso de cual¬ quier conversación Winter repite algunas docenas de veces su tan original expresión.—

 

Como muchos de sus compatriotas, tiene la costumbre de suprimir la primera silaba a las palabras demasiado largas. Por ejemplo, nunca dice «departamento», sino «parlamento». …Y las malas lenguas afirman que tra¬ tándose de pequeños departamentos, Winter los llama «tamentos» y*** si son muy chiquitos se conforma con la denominación «mantos»*—

 

Carlos Winter es un entusiasmado admirador de la Ciudad-Jardín. Y si se trata de defenderla contra cual¬

 

quier ataque, Winter nunca falla.—

 

Cierto dia tuvo lugar una ve 2 más ana Asamble de Protesto de los clientes de agua de COA, quienes no querían plegarse al aumento de tarifas ocasionado por la creciente inflación.— Con bombos y platillos alcan¬ zaron aproximadamente unos 25 presentes, entre ellos a juntar

 

Carlos Winter. Cuando el orador principal, un gallego de mente algo atrofiada, declamaba que* «todos podían elevan los precios, el almacenero, el carnicero, el ver¬ dulero. …Pero el agua no podía aumentar, a ella Dios la hacia correr gratuitamente por las cañerías de COA.

 

Al o:i.r tal derroche de calumnias, Winter no pudo í?5-

 

morderse la lengua, sino apostrofó con

 

  • * degestía» a nuestro orador. Y ello con toda la fuex^ za de sus cuerdas vocales, y faltó poco para que se agarraran a puñetazos.—

 

Mongafeid se va, pero vuelve.—

 

£1 9 de Diciembre de.1946 me sorprendió el arqui¬ tecto Mongsfeid con la noticia que «a partir de sanana» ocuparla un cargo público. Habla sido nombrado pro¬ fesor en la Facultad de Arquitectura de la Universidad del Litoral, en Rosario. Lamenté tener que prescindir de tan valioso colaborador. Pero más lamenté que sus tratativas con respecto al nombramiento etc. las habla mantenido en secreto. Su repentina partida me cayó como un balde de agua fría. Y Mongsfeld no se salvó de ser honrado con un dibujo en el Bar «Tajeó,»,que ador¬ na hoy todavía sus paredes.— Más tarde cuando el sueno del profesorado se desvaneció… Mongsfeld volvió a F.I.H.C.A. y hoy todavía trabaja exitosamente con no¬ sotros. Al igual que para Píate, su puesto en F.Z.N.O.A. habla sido el más estable.—

 

¿1 Ingeniero Ortiz.-

 

E1 10 de Diciembre de 1946 nos visitaron los ingenie¬ ros Ortiz y Psarón del Banco Hipotecario Racional. Velan por primera vez la Ciudad-Jardín y se mostraron encan¬ tados por el trabajo realizado. Especialmente el inge¬ niero Ortiz siguió siendo nuestro fiel amigo con el correr de los anos* En forma desinteresada intervino a nuestro favor en su despreciable establecimiento, llamado Banco Hipotecario Nacional, del que tendré

 

que hablar verdades n tB &xx Birg &x más adelante» • •

 

amargas

 

En aquel momento, Ortiz resumió su opinión en las palabras»Ustedes están haciendo una maravilla”.»

 

Dr. Antonio J. Benitea»

 

El 31 de Diciembre de 1946 en Potrsrillos» tíenáoza, conocí al entonces diputado, más tarde Predidente de la Cámara de Diputados, Dr. Antonio J. Benltea.Pronto tuve oportunidad de mostrarle la CiudadJardín. Y de estos primeros encuentros surgió más tar¬ de tina estrecha amistad entre nuestras dos familias.El Dr. Heñítez siempre fue un valioso amigo de F.I.K.—

 

C.A. y de la Ciudad—Jardín. Y siempre me prestó su

 

apoyo en los momentos difíciles.

 

-i :<t.

 

xaraacoaa en la medida que estuvo a su alcance.—

 

El ano 1946

 

A fines de 1946 había 140 casas en Palomar, que servían de vivienda a 613 personas.—

 

Se comenzó con la edificación de la 2a* y 3a* sec¬ ción*— 7- CAPITULO

 

1947

 

Xnaugurac ion del Bar «2akú%—

 

El 5 de Pedrero de 19¿i-7 se inauguró cono primer res¬ tauran! en la diudad—Jardín» el Bar «fakú»* la deno¬ minación so la debe a un recuerdo de infancia. Y fue asi* Cierto dia observaba con mi hermano Hugo la mar¬ cha de la construcción del mismo, cuando Hugo me pre¬ guntó: !, Y cómo pensás llamarlo al boliche?2 «falcó% contesté pensando en un bodegón de mi ciudad natal, joionia. le chicos solíamos juntar los puchos tirados delante de la puerta para terminar de fumarlos… Ha— turalmente, lo habla dicho en broma» pero cuando Hugo me contestó: «No suena mal», entonces decidí,aa2d8aar bautizarlo asi. Hoy en día el concepto «Bar Takú.» for¬ ma parte esencial de la Ciudad—Jardín, a veces con el atributo* de «roñoso íakú». Aunque quizá me¬

 

recido, no disminuye en modo alguno su atractivo.— la inauguración tuvo lugar por medio da una cena, de la que participar 021 alrededor de cien personas, á»

 

Y no hablamos contado

 

con mas de sesenta, fodavia recuerdo que cerca del fin festejamos el 65° cumpleaños de nuestro querido tío Germán, lo festejamos desde el amanecer…

 

Quines visiten el Bar «fakú» más de una vez se rom¬ perán la cabeza sobre el sentido de los dibujos en las paredes. A los dibujos les falta el texto que existía en un principio. Pero algunos miedosos los hicieron desaparecer» Se tratan del transcurso de nuestro»Via Crucis» para lograr la aprobación de los planos en La Plata» X cada uno de ellfts es portador de violen¬ tas acusaciones contra la imperante 3 dxxbe£jexx burocra¬ cia y sus representantes más destacados en la J&ata, capaces de convertirle el mundo en un infierno a cual¬ quier persona razonable.—

 

Aquella noche tuvimos el honor de la visita de Pon Gustavo Herten, quien habla venido «sólo para felicitar» El caballero contaba 77 anos. Tenia intención de re¬ tirarse inmediatamente después de la cena* En el mo¬ mento de despedirse de nuestra mesa» alcanzó a oir a uno de los comensales» un mayor» que comenzando ca¬ da frase wyírtta hacia uso de la clásica palabra «la p,.a n . La mesa contó enseguida con la simpatía de Don Gustavo. X se volvió a sentar. El también era un gran p…*dor» como muchos argentinos. Cada dos palabras decía «la p..a» la gp?an p..a». X si estaba muy entu¬ siasmado * la grandísima p..a?l!» Y si alguien era due¬ ño de aquella poco fina costumbre, a Pon Gustavo ya le era simpático. Asi le sucedió aquella noche. Pon Gustavo aguzó el oido, el tipo le gustaba. X pronto no se oian más que «grandísimas p..as» en boca de uno y otro. No tardó mucho y los dos p….dores hablan con¬ tagiado a sus vecinos de mesa. Repentinamente Enrique Píate me llamó la atención, señalando a su padre y di¬ ciendo i «Mirólo al viejo, eso no se lo oi en toda la vida». Pero el almirante no habla querido que¬

 

darle atrás a Herten y repetía en cada fraset «la p..a. la gran p..aill 1 ‘. Don Gustavo se quedó hasta la madru¬ gada y se despidió de nosotros con las palabras i «Fue una noche regia, muchachos, la gran p,.ai!!»

 

Lucha de la prensa contra el Crédito Reciproco»—

 

Durante los primeros meses del ano 1947 el diario «Epoca» llevó a cabo una violenta campana en contra del Crédito Reciproco en general* En base a este sis¬ tema hablamos financiado hasta aquel momento las cons¬ trucciones en la Ciudad—Jardín. Creo que ello basta para explicar el gran daño que nos causaban tales ar¬ tículos* Aunque debo aclarar que más de una compañía era atacada con toda justicia. Como en muchos países

 

del mundo f -también en el nuestro elementos perniciosos se hicieron lugar dentro de este ramo comercial lle¬ vándolo a un nivel que hizo disminuir considerablemen¬ te la confianza del público*—

 

Más adelante cuando no hubo otra salvación, el go¬ bierno prohibió a todas las compañías tal sistema, has-

 

/

 

ta a las que eran conocidas como serias.- Fue,, un gran

 

¥

 

!

 

golpe para F.I.N.C.A., pues a partir de aquel dia que¬ dábamos librados al Banco Hipotecario Nacional* Es éste uno de los institutos con los mejores fines pero gene¬ ralmente pésimamente administrado que tenemos en el país. Sobre sus prácticas comerciales ya vendrán mis lamentaciones *- Cocinas Económicas. –

 

Ya habían 3 ido instaladas las primeras casas en la Ciudad-Jardín, cuando comenzó a hacerse notar una cre¬ ciente falta de tuhosx para Supergas. Eran entrega¬ dos en muy pequeñas cantidades. Para que los nuevos habitantes no tuvieran que vivir a «plato frío» vol¬ vimos en gran parte dentro de las primeras casas a la conocida Cocina Económica. Durante el primer tiem¬ po no3 fueron muy útiles.-

 

Banco Central.-

 

El 29 de Marzo de 1947 el gobierno publica el de¬ creto de su propia intervención en la vida comercial de las Cajas de Crédito Reciproco.- Como siempre el decreto está expresado en forma bastante

 

inclara e incomprensible, tanto que no sabemos si a— legrarnos o preocuparnos, lo que estia claro es que el Estado acarrea sobre si la garantía para los clien¬ tes.-

 

El Dr. Píate y yo mantenemos varias conferencias en el Banco Central con quien era gerente del mismo}. Ditaranto y en la Inspección Seneral de Justicia con los doctores Gunrizoli, Pietranera y JÓvine. También aquí los señores no ven claramente qué es lo que en realidad proyecta el gobierno y mucho menos todavía de dónde tuvo su origen el movimiento.-

 

El 22 de Abril de 1947 por fin aparece la Regla- mentación del Banco Central*. Nuestro granmatemático Johansen se dedica de lleno al asunto* ‘pero por el mo¬ mento no llega a ningún resultado satisfactorio»-

 

l?

 

1 23 de Junio de 1947 llama el gerente de ARCA

 

por teléfono para comunicarnos que el Banco Central proyecta resoluciones que no convienen en modo algu¬ no a las sociedades. En el Banco converso en presencia de Píate con el encargado del asunto, Serritelli y nos enteramos que aparentemente se impondrá la tesis del Dr. Picaril quien tiene intención de «borrar todas las Cajas de Crédito Reciproco del mapa.— Y asi si¬ gue durante meses y meses. Continuamente se cambia el reglamento, se mejora p se empeora. Por fin el 30 de Septiembre de 1947 el Presidente del Banco Central» Marogllo

 

firma el reglamento definitivo — momentánea

 

mente.•.

 

Entonces se larga la carrera por la admisión de cada una de las sociedades dentro del nuevo sistema.

 

Sin ocupamos de las pequeñas sin importancia, sjax surgen dificultades en torno a SUCA quien tuvo 1 millón de jíérdlda en el transcurso 1c dos anos. Pero con el afán del Banco Central de mantener en marcea la mayor cantidad de sociedades posible, también aquello se so¬ luciona en poco tiempo. Cómo?, yo tampoco lo sé.E1 31 le Octubre de 1947 nos enteramos que la Ins¬ pección General de Justicia dió excelentes referencias sobre P.I.N.C.A. De tal manera el 26 de Noviembre de 1947 el Banco Central nos autoriza para continuar como Caja de Crédito Reciproco dentro del nuevo siste¬ ma.—

 

Y así se había puesto en marcea un nuevo sistema que se basaba en el redescuento de la cartera hipo¬ tecaria en el Raneo Central, bajo condiciones muy fa¬ vorables»—

 

Este sistema podría haber dado frutos extraordina¬ rios, de no haberse encontrado en la dirección de al¬ gunas sociedades elementos a quienes se les fue la ma¬ no y que con una ligereza increíble y creciente de¬ lirio de grandeza se embarcaban en transacciones que debían obligar a las autoridades a tomar cartas en el asunto.- Triste era de ver la impotencia del Ban¬ co Central frente a la actuación de estos individuos. Sus buenos empleados no podían contra aquellos crimi¬ nales y aventureros. Y así paso lo que tuvo que pasar. XxjoxáxmxnfeHx^iiHxkxhixx Volveremos sobre el asunto.-

 

■vM j * t ■ * * b »,*tw. * ‘t- ».I ^ i w

 

Suspendo la edificación.—

 

Por otra parte seguían las carreras en todos los aspectos. Y las dificulatades para la obtención de ma¬ teriales también eran crecientes. El 17 de Junio de 1947 las impertinentes demandas de los contratistas hicieron que el asunto me tuviera ya tan seco que sus¬ pendí la edificación. El 17 de Julio de 1947 tuvo lu¬ gar tina asamblea «reconciliadora» bajo mi presidencia, en Palomar, con lo que tuve que acordar a los contra— ti3tas un aumento del 51 £*— «Viva la pepa!», dicen los argentinos, –

 

En general era mi opinión que los contratistas

 

ganaban demasiado» Pero el fomento del gobierno y

 

su propio programa de edificación loa hacia conseguir

 

trabajo en cualquier parte. Y asi a las buenas o a

 

las malas» *OT-fa« q« x que seguir la carrera de los pre— estábamos obligados a cios » si queríamos seguir construyendo.—

 

los contratistas de la Ciudad-Jardín se hicieron todos ricos» ricos demasiado rápido» Y en la mayo¬ ría de les casos el rendimiento no fue ni aproxima¬ damente equivalente»—

 

25 de Mayo de 1947.

 

Con motivo de la fiesta patria tuvo lugar el 25 de Mayo de 1947» bajo la dirección de Pedro Reggio» un. festejo emocionante» la Banda Militar completa, una compañía de soldados bajo armas» 500 alumnos» misa de campana» mucha gente» todo era tan emocionante que no pude impedir que las lágrimas me rodaran por las mejillas» Pocos dias asi fue lo único bueno de aquel ano 1947» compuesto sólo de preocupaciones y situa¬ ciones enervantes.-

 

Club de Bolos «Blitz» (Kegelklub «BÜta»)

 

Otro acontecimiento «importante»* el 13 de Octubre de 1947 se abrió,la cancha de bolos en el Bar «¡Bakú* y el 28 de Octubre de 1947 se fundó el Club de Bolos «Blitz»»— Durante muchos anos estuvo bajo la direc¬ ción de Otdcel Bermann. Reúne semanalmente a gran can¬ tidad de alemanes y hoy en día todavía, bajo la pre-

 

i *

 

silencia de Rolf Zeyen, está en pleno auge,— única¬ mente la cancha está considerablemente más sucia.

 

Sino tampoco hubiera encuadrado en el marco del Bar «Takú*.-

 

Gregorlo P. Parra, –

 

El 1 de Agosto de 1947 lo nombró a Don Gregorio P* Parra Gerente General de CALICANTO. Ocupó su pues¬ to en forma excelente hasta principios de 1956.—

 

La Ciudad—Jardín debe muchísimo a su fuerte perso¬ nalidad, a su energía y espíritu de trabajo y nc por último a su optimismo. El nombre Parra no puede ser suprimido dentro de la historia de la Ciudad-Jardín.— Parra es oriundo del interior del país. Se crió en Villa María en la provincia de Córdoba. Y de aque¬ lla pequeña ciudad habla adoptado su concepto de lo urbanístico y del adelanto comercial.— No habla com¬ paración de la que no sqliera a relucí* Villa Baria, ciudad que tampoco podría ser borrada de la historia de su vida, pues allí también encontró la compañera de su vida.— Michos afirmaban que para Parra Villa María figuraba mucho Sutes en la lista de las ciudades que Las otras «importantes», como ser Sueva York, Londres, París, Berlín, etc.•. Vivimos incontables horas de espera juntos en las antesalas del -Banco Hipotecario Nacional. Para que pasaran más rápido dentro de aquel «querido» estableci¬ miento, Parra me contaba largas historias* General¬ mente eran tan confuáaa, que cuando llegaba al final yo ya «mesa habla perdido el hilo e Ignoraba el su¬ jeto de las mismas* ya no sabia lo que me habla dicho. Parra era un genio en «hablar con vueltas»,

 

lo que repetidamente nos fue de gran utilidad en tratativas con funcionarios estatales o bancarios bas— t ante faltos de entendimiento* En el momento dado, siempre estaba en condiciones de afirmar que habla querido expresar justamente lo contrario.»

 

Parra sobrellevaba todas las dificultades, de pa¬ ciencia indescriptible, de indulgente comprensión pa¬ ra mi feecuente mal humor, fue siempre un excelente y fiel compañero. Lo recordaré siempre con carino y veneración*—

 

Durante varios viajes al interior del país, tuve ocasión de pasar por Tilla María. Hunoa dejé pasar la oportunidad y mandaba a Parra una tarjeta postal que mostraba alguna nueva belleza urbanística que habla descubierto en su querida ciudad*—

 

Exposición de cuadros de Palomar*—

 

A partir del 30 de Agosto de 1947 organizamos en el hall de la Caja en F.I.B.C.A. una exposición de cuadros: Palomar ayer y hoy.— Los óleos represen— tabaa diferentes secciones de la Ciudad—Jardín» su aspecto a la fecha y su aspecto tres anos atrás.-

 

Los bien logrados cuadros ssa eran obra de «Kuestro» pintor Luis Neu. Llamado «el ruso Ñau»

 

Nuevos aumento 3 de salarios. —

 

Huevas huelgas.—

 

El 5 de Octubre de 1947 se comenzó con la venta de las primeras casas en la tercera sección. La vefata marchaba viento en popa. Y los contratistas aprovecha ron la ocasión para organizar una &uelga el 12 de Noviembre de 1947 reclamando nuevos aumentos de sa¬ larlos. Sobrevino una tormenta de mi parte…, luego pequeñas concesiones y conseguí hacer volver a me¬ diano juicio a aquellos insaciables. Pronto, pudimos seguir construyendo* Y a mis pobres nervios aquellos acontecimientos no les hicieron justamente bién…

 

4a. Sección.—

 

El 1 de Diciembre de 1947 comenzó la edificación dentro de la cuarta sección, comprendida entre las calles Colegio Militar, Los Plátanos Norte, Los Ol¬ mos y Pensamientos. Desde un principio las ventas fue¬ ron allí también satisfactorias.—

 

La Ciudad—Jardín se-vKx embellecía día a día.»

 

Colocación de la piedra fundamental de la

 

Escuela N 51 El 28 de Diciembre de 1947 tuvo lugar la solem¬ ne colocación de la piedra fundamental de la futura Escuela ¿í° 51, Bajo música de la Banda Militar se enmuralló el consabido pergamino en presencia de quien era Intendente de San Martin y del Comandante de la Base Aérea El Palomar, Vicecomodoro Gau, ambos con sus señoras esposas*— Para mi gran orgullo y ale¬ gría pude constatar la presencia de la viuda de nues¬ tro fundador. Doctor Germán V/emicke, señora ama Petersen de Wernicke,.-

 

A continuación de la colocación de la piedra fun¬ damental, todavía tuvo lugar la inauguración del mo¬ numento «Ducunt volentera fata nolentem trahunt». Es¬ ta era una pequeña rendición de cuentas con ?ni» buro¬ cráticos enemigos con quienes permanecía en lucha con¬ tinua. El monumento está situado en el extremo Bste de la Avenida Geranios y es una obra del arquitecto Emilio Vieten.- Muetra un impetuoso carro de victoria, cuyos caballos son guiados por una hermosa mujer. Col¬ gado del carro divisamos un anti&tico individuo que trata de impedir al carro su marcha hacia adelante,

 

…Pero es arrastrado por el carro: La Ciudad—Jardín marcha impetuosa y victoriosamente hacia el triunfo definitivo y,., la burocracia que debe ser arrastra¬ da tras de si, Y lo logra,— A ambos costados del mo¬ numento pequeños homenajes a los principales genios en la fabricación de dificultades: Pie&enscher y Odrlo— sola,—

 

 

102

 

4

 

El ano 1947

 

A fines de 1947 habla 192 casas en Palomar, las que albergaban 866 personas.—

 

En este ano se comenzó con la edificación de la 4a. sección. Se inauguró el Bar «faltó 11 y 3 e fundó el Club de Bolos «Blitz*.—

8° CAPIIDLO

 

1948

 

Cooperadora Escolar*—

 

T , *

 

El 12 de Enero de 1948 comenzó la construcción de la Escuela en la calle Jacarand6.es ‘bajo la dirección de los arqultectosmOsear Mongsfeld y Juan 3ehrendt.~ El 20 de Octubre de 1948 fue fundada, bajo la je¬ fatura ^de Pedro Eeggio, la Cooperadora Escolar. Des¬ de un principio esta institución estuvo al servicio de los intereses de la escuela y hasta el día de hoy lleva tras de si gran cantidad de obra provechosa.El 23 de Noviembre de 1943 se me quiso hacer so¬ cio de honor de esta Cooperadora. Pero rehusó agra¬ decido. La idea que me llevó a tomar tal decisión

 

fue la siguiente: » hoy en dia tal honor no te hace

 

%

 

más feliz, pero si más adelante, en caso de no poder EHmpjtüx cumplir con alguno de los deseos de aquella gente, te echan y te quitan el titulo acordado.en¬ tonces te harás mucha mala sangre*. Por experiencia sabia que la simpatía del pueblo es muy pasajera.

 

De tal modo rehusé siempre tal clase de honores. Asi no tuve oportunidad de sentirme y verme especialmen¬ te honrado, pero tampoco deshonrado*— Era mejor y es¬ toy contento de haberme mantenido firme en mi deci¬ sión* –

 

Aumentos retroactivos de salarios.- En aquel tiempo las ventas marchaban magníficamen¬ te. Podíamos construir lo que quisiéramos» todo, por asi decirlo, nos era arrancado de las manos.—

 

los precios de los materiales, tanto como los sa¬ larios aumentaban continuamente. Tuve más de una aca¬ lorada discusión con los contratistas, cuando lo que pedían ya pasaban los limites de toda decencia comer¬ cial. En el mes de Marzo de 1948 el metro cuadrado cubierto de terreno costaba trescientos sesenta y cin¬ co pesos. En el mes de Diciembre ya habla llegado a los setecientos. Era una lucha continua. Sin cesar aumentaban los precios. Sin en aquella época me in¬ dignaba por un aumento que no alcanzaba el 10C# en el curso de un ano, qué no hubiera pensado de haber sa¬ bido lo que nos esperaba al respecto a lo largo de los anos siguientes? En qué desorden ha sido sumergida la economía de nuestro paísi Cuántos anos serán ne¬ cesarios para que todo funcione nuevamente en forma debida?

 

Sobre todo en aquella época comenzó a acarrear ma¬ yor desorden del ya existente, el pago de aumentos de salarios retroactivos. Era este un sistema desconoci¬ do hasta el momento, que tria cada vez m&s inseguridad

 

a la vida comercial, haciendo imposible.g* cálculo

 

protegerse oao

 

razonable. Cada uno aspiraba a ít t imraa de inesperados

 

por adelantado

 

aumentos de salarios y «retroactividades». Y asi los precios también eran aumentados por adelantado en un determinado porcentaje. Adénde nos llevarla aquello creo que podía ser palpado ya en aquel tiempo por cualquier persona de mediana inteligencia. Día a día se sucedían aumentos de precios completamente infun¬

 

dados, si

 

amenazaba algún pago retroactivo*

 

Y aunque luego no hubiera que pagar, los precios que¬ daban en la altura previsora, siempre fue más fácil hacer subir los precios, que más tarde hacerlos ba¬ jar. Esta es ciencia vieja y conocida por todos.—

 

Las reclamaciones de los contratistas, a pesar de los contratos válidos existentes, eran presentadas

 

generalmente en forma de ultimátum. M 0

 

i *;* (4 i i * t

 

accedíamos de inmediato, o inmediatamente suspendían los trabajos». Tuve grandes disgustos con tal moti¬ vo. Y a menudo solia mandar al impertinente allí don¬ de los argentinos gustan de mandar a aquella gente.— Entonces el trabajo se suspendía por algunos dias. Finalmente igual debía ceder, si no quería que núestra linda obra, la Ciudad-Jardín, cayera en el aban¬ dono. Y encima de todo, debíamos pagar el salarios por los dias que no hablan trabajado.—

 

Mil y una veces me propuse en tales oportunidades

 

no volverme a ocupar de todos los detalles. Temía con ello

 

que arruinarla mi salud. Pero el amor a nuestra obra siempre venci6. Y la lucha seguía su rumbo.—

 

También la laboriosidad de los obreros nos dejaba mucho que desear en aquella época. Habla entre ellos de esos que teatan que ninguno de los demás y por nada del mundo se mueva demasiado rápido. Según el modo de ver de aquellos sujetos, ésto iba en contra del honor del obrero. Varias veces intervine con una de mis «tormentas» sumamente explosivas y que no de¬ jaron de acarrear sus consecuencias. Suspendía a los peores haraganes* Esta era la única sanción que podía aplicarles. Y durante algunos dias iban algo mejor las cosas* Pero el «trabajador» no tardaba en acaparar nuevamente sus derechos.—

 

Pompemos las relaciones con el Banco Hipotecarlo

 

Nacional*-

 

El 12 de Febrero de 1948 decid! romper todas las relaciones existentes con el Banco Hipotecario Nacio¬ nal* Haría financiar las construcciones en Palomar exclusivamente por F.I.H.C.A.—Con aquel Banco no que¬ ría tener más nada que ver* —

 

Hasta aquel momento hablamos aceptado financiacio¬ nes del B*H*K* únicamente a pedido expreso de nuestros clientes* Y aquello no3 acarreaba tal xc antidad de dificultades en cada una de las transacciones oertl—

 

nentes! Y los disgustos con

 

aque¬

 

lla institución que representa la corona de la buro¬ cracia no tuvieron nombre ni número. Verdaderamente

 

seguir, era imposible. Quizá sx mi excesivo tempéra¬ me dejé llevar por

 

mentó, diciendo con todas las letras mi opinión so¬ bre aquel Banco ridiculo y sus aúnmás ridiculas ma¬ neras de actuar…

 

Y mis explosiones llegaron a los sensibles oídos

 

de su dirección. Obtuve una citación telegráfica del subgerente del Banco Central, señor Tessen* Este me recibís fríamente» En voz alta me leyó observaciones que dac’ ia heehas por mi de un papel

 

que tenia en la aano. Repetía observaciones que me

 

*

 

atribula a mi y dirigidas contra el Banco Hipotecario Racional y du directorio.- Bebo confesar que lo que me llegó a oídos era de aquella clase de expresio¬ nes que no deben ser dichas en presencia de señori¬ tas. Concienzuda y pacientemente escuché la lectura hasta su término. En el momento dado contesté que no estaba en mi memoria el haberme exteriorizado detal manera. Mi educación me prohibía el uso de tales expresiones en póbiico. Pero… si el señor fessen me interrogaba sobre mi opinión con respecto al B.H.H.

 

Entonces y en confianza, no podía dejar de co¬ municarle que mi opinión concordaba al 100£ — casual mente — con el precediente juego de palabras.—

 

Y aquello no lo toleró ISesaen. Y me trató como no se me habla tratado desde época de soldado en Kbln—Deutz. Finalmente llegó a amenazarme con quitar¬ nos nuestra concesión para la entrega de hipotecas si tal comportamiento llegara a repetirse… Y en¬ tonces me despidió*—

 

Podrá el lector imaginarse de qué afecto estaban

 

clase de

 

empapadas las nuevas relaciones con el Banco Hipote¬ cario Nacional.•» Naturalmente se reduelan a lo indis¬ pensable y gracias a Dios desaparecieron paulatina¬ mente»

 

Más adelante el gobierno nos obligó a volver a en¬ tablar aquellas relaciones. Y el triste rumbo que to— marón y cuán desdichado final alcanzaron hablaremos más adelante.—

 

SI hoy en dia contemplamos la casi terminada obra de la Ciudad— Jardín, surge de los funcionarios del Banco Hipotecario Nacional aquel reproche de* «Pero, qué diablos quiere P.I.N.C.A.? Si el B.H.N. no le hu¬ biera dado todo el dinero, $amás hubiera sido cons¬ truida la Ciudad-Jardín». Ninguna ggx afirmación puede partir de opiniones más erróneas que la prece¬ dente. Cuando en el ano 1944 empezamos con la edi¬ ficación, cuando no teníamos más que un terreno Ax vacio de 11? Hectáreas, sin luz, 3 in agua, sin calles,

 

ty sin nada, entonces no pudo pensarse en

 

obteher una aceptable financiación por parte del Ban¬ co Hipotecario Nacional. Sus tasaciones eran tan ri¬ diculamente bajas, que cualquier trabajo hubiera si¬ do imposible bajo tales condiciones. Y como única per¬ sona, entre aquellos requetevivos funcionarios del B.H.N*, que supo ver claramente el futuro de la Ciu¬ dad—Jardín, debe ser citado el Ingeniero José Ortiz. Ortis era en aquel tiempo alto funcionario del B.H.N. y fue el único que se di& cuenta qué clase de fuerzas estaban en juego en el asunto Ciudad—^ardía y cuales eran las intenciones que nos guiaban.

 

Sus companeron se empecinaban em su distinguida indiferencia. Primeramente querían ver qué seria de aquel «fantástico» proyecto..• Que otros arriesgaran su dinero para ello. El Banco Hipotecario Nacional era demasiado distinguido y conservador… y asi fue como mi esperanza de alguna ayuda y co¬ laboración del,Banco Hipotecario Racional fue lleva¬ da bién pronto a la sepultura. X asi fue como resol¬ ví hacer financiar toda la construcción por C.A* y su* Caja de Crédito Heeiproeo.-

 

X así fueron efectivamente financiadas las pri¬ meras ochocientas casas construidas por F.I.H.C.A.

 

Sin la menor ayuda del Banco Hipótecario Racional y sin el menor interés del mismo por nuestra obra.

 

Si este Banco ridiculo afirma en el dia de hoy que la Ciudad-Jardín es también en parte obra suya, en¬ tonces es un oonciente ensal3amiento propio y una gran mentira, y esta mentira se suma a otras menti¬ ras que son puestas en el mundo cada dia y cada ho¬ ra por los funcionarios del Banco Hipotecario n acto¬ nal. Recién cuando ya nada podía ser arriesgado, cuan¬ do ya miles de habitantes vivían en la floreciente Ciudad-Jardín, entonces paulatinamente se despertó el interés del Banco Hipotecario Racional, y trataron de »meterse*. Xa Ciudad-Jardin estaba en realidad ya «hecha» cuando despertaron de su letargo aquellos aventureros… Entonces se percataron de algunas de sus obligaciones frente al pueblo argentino* Enton¬ ces vieron el cielo despejado y quisieron participar de los méritos ajoños.-

 

Aquí dejo expresa constancia áe que en la edifi¬ cación de las numerosas es—cuelas, edificio del club, campos de deportes, cantinas, hoteles de obreros, cine-teatro, clínicas, maternidad, confiterías, restau rants, oficina de policía con todo lo que le corres¬ ponde, monumentos y monolitos, tres iglesias, Jardín de Infantes, mástil de la bandera. Sala de Primeros Auxilios, pileta de natación, luz eléctrica. Gas, Agua cloaca, construcción de calles, ete el Banco Hipo¬ tecario Nacional no tuvo la más Infima participación*— En forma repugnante no sirvió más que para pro¬ porcionarnos disgustos y dificultades*—

 

Podía palparse a ciegas cómo explotaban de envi¬ dia aquellos parásitos* A pesar de sus recursos no habían estado en condiciones de crear nada parecido.

 

Y hoy en dia son dueños del desprecio de cada uno de aquellos que en modo alguno contribuyó a la edi¬ ficación de la Ciudad—^ardín y debió sufrir bajo la influencia de aquellos sujetos.—

 

Más adelante contaré como el Banco Hipotecario Nacional, impulsado por el ejemplo de F.I.i’uS.A*, trató de hacer surgir ri» obra similar.*. Obra que generalmente quedó en estado semi—terminado hqsta podrirse*.* Y hablan sido invertidos cientos de millo— nés..•

 

El Banco Hipotecario Nacional siempre fue y segui¬ rá siendo una vergüenza e ignominia para toda la re¬ pública. –

 

Terrenos del Ferrocarril Paelfico*—

 

Ya repetidas veces habla* tratado de entrar en tratativas con loa dueños del precipicio situado al Este de la Ciudad-Jardín, el Ferrocarril Pacifico. Quería hacer desaparecer del -vecindario de la CiudadJardín aquel descargadero de basuras.—

 

Hablé con quien era el gerente inglés, Mister Dodds» quien me comunicó que sobre e$ terreno esta¬ ban planeadas ventas a establecimientos industriales. En consideración a los intereses de la Ciudad—Jardín, protesté violentamente y expliqué que movilizarla todo lo necesario para impedirlo. Y no pudimos hacer un paso hacia adelante. So querían vendernos los terrenos ni tampoco 3 e construían los establecimienrtos industriales. No hubo caso. Fue y siguió siendo lo que era hasta el día de hoy.-

 

Más adelante cuando los terrenos pasaron a ser posesión estatal por medio de la nacionalización de los ferrocarriles, el Dr. Píate y yo lo intentamos nuevamente. Y aquella vez frente a las autoridades correspondientes. El conocedor de aquellas autorida¬ des estatales podrá hacerse una idea del fervor con que no3 fue clausurado todo camino a una provecho¬ sa solución* Como ya dije, fue y quedó un descargade¬ ro de basuras* Y la burocracia estatal puede apuntar¬ se otro poroto.-

 

5a. Sección.—

 

El 12 de Abril de 1948 comenzamos con la construc¬ ción de la quinta sección. Abarca el terreno entre las calles*Avenida Sipas, Aviador Immelmann, Aviador Sánchez y Aviadora Lorensini.—

 

Si 10 de Jimio de 1946 Juan. Behrendt habla sido hecho Director General de Obra para toda la edifi¬ cación. Y el asunto tomó renovado impulso junto a Gregorio Paira, quien tenia.su cargo la dirección oo* merclal. De esta manera a Behrendt se le presentó la oportunidad de mostrar lo que sabe. Y lo mostró en. todo aspecto.^

 

Inauguración de la maternidad.—

 

La cantidad de ñiños que debían nacer en la CiudadJardín también aumentaba a diario. Por lo tanto deci— di edificar una maternidad. La misma fue inaugurada solemnemente el 6 de Mayo de 1948. Fue puesta bajo la dirección del Doctor Germán B. Wemicke y el trabajo lo realizah® la partera señora de Fleytas, Y la ver¬ dadera inauguración puede ser fijada el 7 de Junio de 1941 con el nacimiento de un sano varoncito.—

 

La primera muerte en la Ciudad-Jardín.—

 

DI 16 de Mayo de 19483c iattfamKaaribqsjábame acaeció

 

el primer fallecimiento en la Ciudad-Jardín. Un se-

 

«. ■

 

ñor García de la calle Jacarandáes murió de un ata¬ que cardiaco a la edad de 49 anos. Indignación popular por las calles.*

 

El 4 de Julio de 1948 tuvo lugar en la Plaza de los Aviadores una asamblea popular bajo la dirección del inevitable agitador P.R* Se protestaba contra la mala construcción de las calles de mejorado.

 

Que las calles de mejorado eran malas lo sabíamos nosotros mismos. Pero, que le Íbamos a hacer si no conseguíamos cemento? Y entonces no puedimos hacer calles mejores.—

 

Para el final de la asamblea habla sido anunciada «libre expresión 1 ’. Pero cuando nuestro Gerente Gene¬ ral Parra quiso hacer uso de la palabra para un dis¬ curso de aclaración, no le fue permitido* No querían escuchar y no querían colaborar en alguna solución. Solamente querían pelear* A aquel principio el se¬ ñor P.R. le siguió siendo fiel durante todos los anos siguientes.

 

v*. Y aquel día jhmí Ai memorable quedó fijado pa¬ ra la posteridad por medio de un dibujo de Neu en la cancha de bolos.—

 

La nueva bandera de la Ciudad—jardín.—

 

El 8 de Agosto de 1948 fue izada por primera vez la bandera de la Ciudad—Jardín en al mástil sobre ha torre del «Sakü”, asi como en las oficinas en la oelle Olmos. –

 

Nuestra bandera es obra del arquitecto Vietezu Se compone de un paño «bicolor (rogo y «blanco), con el escudo de la ciudad–Jardín que sxxxsbphbk contiene algunos chalets de techos rojos, un paisaje de lomas y el histórico Palomar* Ciudad Jardín Lomas del Palo¬ mar.—

 

El 22 de Noviembre de 1943 el Dr. Píate pudo co¬ municarme que nuestra «bandera habla sido aprobada definitivamente por el gobierno en La Plata*—

 

Compra de la 4a. Fracción*—

 

El 30 de Diciembre de 1948 tuvo lugar por ante el los Jueces Doctores Molinarlo, Catalayud y Benl— tez, después de largas tratativas, la eompra de la llamada cuarta sección a la firma Richmond S*A*

 

Por lo tanto desde aquel momento todo,el terreno comprendido entre las estaciones El Palomar y Martin Coronado pertenecía exclusivamente a P.I.N.C.A.— X desde aquel momento no tuvimos más nada que ver con Fickenscher. … Y ya hada se interponía al desarro¬ llo de nuestra Ciudad—Jardín.-

 

*

 

El ano 1948

 

A fines de 1948 habla 273 casas en Palomar* Las mismas albergaban 1179 personas*—

 

Se comenzó a edificar en la 9a. Sección.

 

Además se inauguró la maternidad en la calle Boulevard General Sah Martin*— Acontecimientos de importancia también fueron la fundación de la Cooperadora Escolar y la aprobación de nuestro emblema per el gobierno en La Plata.—

 

9° CAPITULO

 

1949

 

El fin de las Cajas de Crédito Recíproco.-

 

El ano 1949 nos trajo el fin de las Cajas de Cré¬ dito Reciproco. El mismo era obra del Sanco Central, quien sin que nadie lo hubiera solicitado, habla to¬ mado sobre si la financiación de las mencionadas Cajas. Por otra parte debo de hacer notar que aque¬ lla intervención significó la momentánea salvación

 

muchas sociedades* pintoresco aparato, escasa

 

producción y la ausente confianza del público, las hablan llevado cerca del limite… Especialmente era este el caso de ARCA, en el que llegó a intervenir el juez* Pero, según me fue informado, más adelan¬ te el proceso fue suspendido.—

 

En P.I.H.C.A. no se habla llegado a tal extremo, bn el transcurso de los anos pasados, habla llegado

 

a proporcionarme de amigos y conocidos y por medio de ellos, préstamos por unos ocho millones de pesos (aproximadamente 2 millones de dólares)• Los había conseguido a yaga interés reducido y nos bastaban para completamente para las deseadas financiaciones provisorias, hasta que tuvieran lugar las deflniti- vas por nuestra Caja de Crédito Recíproco o por medio de otras instituciones hipotecarias.—

 

Cuando entré a accionar el Banco Central formu¬ ló entre sus primeras exigencias que devolviéramos el dinero, SI Bsmoo Central darla a las compañías todo el dinero que necesitaran. Pero para ello re¬ clamaba algo asi como un monopolio en la financiación, Nuestros dadores de dinero» compuestos de cientos de pequeños capitalistas, fueron incitado a retirqr su dinero en un plazo fijo. Recuerdo perfectamente las quejas de muchos de ellos cuando aparecieron por nuestras oficinas.-

 

Hasta aquel momento el dinero estaba bién inver¬ tido, los intereses eran pagados puntualmente. Por¬ qué tal cambio repentino? liadle sabia decírselo y nosotros menos que nadie.—

 

Electivamente durante el primer tiempo el Banco Central puso a disposición de las sociedades, dine¬ ro en generosas cantidades. Hasta que algunas de es¬ tas sociedades, bajo la dirección de ARCA natural¬ mente » llegaron a extralimitarse solicitando

 

cifras tan astronómicas que se vela claramente que no tardarla mucho y el Banco les mostrarla las ma¬ nos vacias… En incontables conferencias les acon¬ sejé en aquel,tiempo a los directores de ARCA que no exageraran. Cuántas veces les previne que aquello iba a terminar mal…, muy mal… Pero los señores

 

no quisieron escucharme* Sin el menor cálculo de ganancia investían e investían, instalaban lujosas y numerosas sucursales, pagaban altos sueldos y comisiones. Total, la inagotable fuente pecuniaria del Banco no tenia fondo… pensaban.—

 

Desesperado y viendo qáe ARCA y otros no querían entrar en razón, dirigí numerosos escritos al Banco Central. Por medio de ellos llamaba la atención so¬ bre los tejos y manejes de ciertas personas. Hencto¬ naba nombres, mencionaba hechos. Todo era en vano.

 

Las ‘‘relaciones» de ARCA aparentemente fueron más fuertes. Si hoy releo mis escritos, me veo a mi mis¬ mo como profetai todo sucedió como lo predije. Sólo que a veces sucedió muchp peor.- Los señores del Ban¬ co Central y de la Inspección General de Justicia que conocen mis escritos, pueden atestiguarlo.Cierto día el correspondiente gerente del Banco Central, Ditaranto, me comunicó que habla leído mis escritos de cabo a rabo. Lástima que se decidió a hcoerlo cuando todo ya se habla derrumbado…

 

:sn el transcurso de xa poco más de un «np el Banco Central habla entregado a ARCA cerca de ciento cincuenta millones (aproximadamente treinta y cinco millones de dólares). A 3?.I.U.C.A. que disponía de una obra terminada mucho mayor, no le hablan sido puej3 tos a disposición más que 27*3 millonee de pesos (a— proximadamente 6,5 milloneá de dólares). Cuando en Mayo de 1949 fue cerrado el crédito, ARCA ya habla gastado este dinero hasta el último centavo. F.I.N.— C.A., al contrario debía tener a su disposición to— davla siete millones» pero cue no le fueron pagados.— ARCA habla sido más rápida. Y habrá gente que vea aquella la suya como la más inteligente de las con¬ ductas comerciales.— Yo soy de opinión contralla. Aquello era un insulto contra cumplimiento y con— fianza» tanto de parte de ARCA como en nuestro caso» también de parte del Banco Central. Este último no nos pagó nuestros correspondientes siete millones.—

 

En tal oportunidad dirigí un escrito al presidente que culminaba con las siguientes palabras* «si esto es justicia, yo me llamo Mary Pickford».—

 

En nerviosidad continua transcurrieron los cinco primeros meses del ano 1949. Con temor esperaba el momento acontecería el golpe del Juaneo Central, Hien— tras tanto ARCA seguía optimista. Construía sus «Jnradt «barrios” o los tenía «en preparación’’* Y sus direc¬ tores ni sabían siquiera dónde estaban situados…

 

Ya que por orden del Banco Central el negocio en último tiempo habla pasado completamente a ser finan¬ ciado por aquella institución» el agotamiento de a— quclla fuente de dinero debía traer consecuencias sim¬ plemente catastróficas. Y esto amntrt acaeció el 31 de Mayo de 1949

 

El 23 de Abril habíamos tenido una reunión con¬ juntamente con SUCA» ARCA y otras sociedades. Duran¬ te la misma el gerente de SUCA habló sobre una audien¬ cia mantenida con quien era iíinistro de Finanzas, Ca¬ rel jo. Explicaba que el señor ministro había apostro¬ fado a los directores de ARCA de » Uha horda de es- tafadores con guantes ‘blancos». Comunicación ésta que fue recibida con un ataque de rabia por parte de los presentes señores de ARCA» por mi… con una ligera sonrisa.—

 

A pesar de todo y esto es lo increíble, el iMxdwxg*Hi«»K» Banco Central, subordinado al Minis¬ tro de Finanzas, y después de tal expresión de parte de aquél.•• puso a disposición de ARCA otros treinta millones. Y estos treinta millones también fueron tragados en pocos días. 0 digamos,.., mal invertidos.— Todo era tan desquiciado que parecía imposible. Pero

 

tomo sobre mi la

 

responsabilidad con respec¬

 

to a la veracidad de lo que dije.-

 

Y llegó el 31 de Mayo de 1949. Partiendo del sim¬ ple principio, y también del más cómodo, que el bue¬ no debe sufrir a la par del malo, recibimos un tele¬ grama del Banco. Esta nos traía la noticia de que era retirada la personería jurídica a todas las so¬ ciedades de crédito reciproco. Por medio de hirientes e Inadecuadas acusaciones se trataba de demostrar la culpa de aquellas en el desastre. Be hoy a mañana, repentinamente, se habla acabado el dinero. Las socie¬ dades no debían firmar más contratos, no podían acep¬ tar nuevos depósitos, etc…, etc… Efectivamente los directores de las sociedades eran partidos por el eje.- VxintM

 

… Y todo aquello era única y exclusivamente con¬ secuencia de la incalificable conducta y el desastro¬ so proceder de ARCA. ÜHlca y exclusivamente culpa de aquella sociedad que habla acarreado la catás¬ trofe por medio de sus desmesuradas solicitudes de

 

i

 

dinero, Y todo me fue asegurado expresamente más

 

y repetidas veces

 

tarde pormtodos los altos funcionarlos del Banco Central, inclusive del gerente Ditaranto.-

 

Es simplemente incomprensible c6mo en aquel mo¬ mento no hubo una s6la persona capaz de hacer apli¬ car a aquellos individuos su justa sanción.—

 

Durante el ano 1949 recibimos a menudo visitas de altos funcionarlos del Banco Central en la CiudadJardín, Y todos estaban encantados con nuestra obra.— Entre todos ellos menciono especialmente la visita de quien era vicepresidente. Escurra, de los direc¬ tores Bus so y Maya, quienes siempre nos volvían a a— segurar que no debíamos preocuparnos por la cuestión del dinero. Nunca los señores dejaron de expresar su indignación sobre el comportamiento de ANCA. Pero nadie podía hacer algo contra aquella gente. De to¬ dos modos gozaban de una gran protección ”de arriba”. Pero de quién diablos venia tal protección, eso no lo sabia nadie, lo que si sabíamos era que tanto a F.l.N.C.A. como a todas las otras sociedades que no hablan dado motivo de queja, les había sido cancela¬

 

da toda posibilidad de financiación de un dia para

 

otro. Y aquello fue un gran golpe. Llevados por las

 

nos

 

grandiosas promesas del Banco Central hablamos co¬

 

menzado con una programa de trabajo ha sumamente am¬

 

plio. Llegó el momento del cierre del crédito y nos encontramos con algunos cientos de casas en construc— cióa.-

 

Sl en aquel entonces no dejé todo plantado» si en aquel entonces decidí seguir luchando» se lo debo en primer lugar a Parra. Mi fiel amigo y compañero estuvo siempre a mi lado y me indujo a no abandonar.-

 

librados al Banco Hipotecarlo Racional.—

 

Siguiendo el consejo de Parra y en compañía del Dr, Píate» protestamos solemnemente ante el Banco Central por la injusticia. Y después de varias trata— tivas con el gerente Ditaranto fuimos librados por aquél al… Banco Hipotecario Nacional.-

 

El susto me dejé boquiabierto. Sabia lo que nos esperaba al reentablar relaciones con aquella Insti¬ tución. Primeramente rehusé deprimido. Ni siquiera habla que pensar en tal solución. Volví sobre el pen¬ samiento y siguiendo el consejo de mi amigo Parra» acepté. Por otra parte, qué otro remedio nos quedaba si no queríamos dejar las casas semiterminadas?, en las que ya habíamos invertido millonea. Y acepté. Acepté aunque sabia lo que nos esperaba. Y desde aquel día quedamos librados al Banco Hipotecario Nacional,

 

Y aqui comienza otro «via orucis»…

 

Que sirva para demostrar el valor moral y comercial de P.I.N.C.A. el hecho de que el nombre «P.I.N.C.A.**, hoy después de michos anos sigue ocupando su mismo lugar. Mientras que a los demás se los tragó la tierra Nadie supo más nada de ARCA, SUCA, COPRE» unas quin— ce en total y sean cuales hayan sido sus nombres.— P.I.N.C.A. como única sobrevivió sana a las tempes¬ tades del tiempo. ?,I.N.C.A. se hizo más fuerte ano tras ano y siguió con fervor rimbo a su meta: la Ciudad Jardín Lomas del Palomar.— A la Ciudad-Jardin se la ve. Crece y florece. Y esto ni podían remediar¬ lo los funcionarios del arinque lo quisieran.-

 

Creciente Infl ació n.—

 

Por otra parte el ano 1949 se caracterizó por la continua escasez de cemento y los no menos frecuen¬ tes aumentos de precio.-

 

Paulatinamente se abría paso la idea que si tal articulo hoy costaba tanto* en el próximo pedido de¬ bía costar cerca del doble. Sistema éste que ya ca¬ racterizaba la enfermedad de toda la economia.—

 

El 4 de Marzo de 1949 fijamos el precio del metro cuadrado cubierto en setecientos cincuenta pesos.—

 

6a. y 7a* Sección.—

 

El 21 de Enero de 1949 se comenzó coh la construc¬ ción de la sexta y séptima sección. La sexta comprende el terreno entre Los Olmos» los Pensamientos, y Avia¬ dor Matienzo. La séptima se extiende dentro de los limites: Aviador Hungesser» Conde Zeppelin» Aviadora Lorenzini y Aviador Sánchez.-